jueves, 30 de octubre de 2014

Johnny Marr, solista tardío

Me gusta Johnny Marr.                                                                                                     
Antes no me gustaba o, mejor dicho, no entendía qué era lo que le gustaba tanto de su arte a quienes ponderaban desde los 80s los discos de su banda madre, The Smiths. De su promiscuo deambular por grupos y colaboraciones varias desde que los Smiths se despidieran hace ya 27 años, tampoco tomé demasiada nota (repito: no me gustaba), más allá del dato en sí mismo y la pregunta “pero, ¿no estaba tocando en/con…?“.

Cuando a mediados de la década pasada puso su nombre y sus canciones al frente de una banda, The Healers, recuerdo que la prensa especializada hizo cola para pegarle por -entre otras cosas- no estar a la altura de las expectativas (*que la prensa misma tenía puestas en él) ni del legado de los Smiths. Trato injusto: cualquiera que haya estado a unos metros de este muchacho sabrá que sus hombros son demasiado estrechos para cargar semejante peso. Lo cierto es que aquel affaire discográfico terminó relativamente pronto en las bateas de ofertas de las tiendas y si no es objeto de disección en este espacio se debe al simple hecho de que una vez lo escuché en internet y no pude sino adherir a la decepción de la crítica, con una diferencia: yo no le había jugado tantas fichas.

Lockdown by Johnny Marr on Grooveshark

Hace un par de años Johnny fue a la MusikMesse en Frankfurt a presentar el modelo de guitarra que Fender le hizo a medida y puso al alcance de aquellos a quienes le alcanza. Ahí fue cuando, al pasar cerca del stand en el que firmaba autógrafos, comprobé el asunto de sus hombros y también que su atildado look brit tenía un punto flojo: el tono azabache profundo con el que tiñe su pelo. Sí me sorprendió un poco la cantidad de gente haciendo cola para obtener una firma sobre el librillo de un CD o sacarse una foto (o las dos cosas, ¡qué tanto!); supuestamente era un artista de culto...

En 2013, cuando aparecieron los primeros anuncios sobre “The messenger”, su debut solista (*se ve que el disco con The Healers resultó una especie de hijo negado), se confirmaron mis sospechas de que aquello de la guitarra con su nombre olía a “operativo retorno”. A esa altura, mis reservas respecto a su aporte al devenir del rock y al manual del guitarrista eléctrico habían quedado de lado: un poquito de análisis de la materia (en este caso: escuchar, ver y probar) puede tener resultados harto gratificantes.

Cuando “The messenger” finalmente salió lo escuché ansioso y, por esas cosas de las estrategias de ventas, lo conseguí a precio promocional. Debo reconocer que esta vez sí tenía expectativas puestas en el disco. Y Johnny cumplió.
Una docena de canciones de rock (*es la mejor definición que se me ocurre en este momento) enérgicas, en las que la sobriedad y la filigrana se reparten los puntos. El virtuosismo de hacer que todo sea luz en lugar de luces posándose sobre el ego de éste o aquel.

En la música de este Johnny Marr del siglo XXI hay pocos rastros de aquella que complementaba la poesía incómoda de Morrissey en los lejanos 80s. Su britanismo tampoco se recuesta -por ejemplo- en la glorificación del legado beatle. Las canciones son urgentes sin ser punk, la melancolía se abre pequeños espacios aquí y allá, y su guitarra tiene otros colores sonoros, pero sigue siendo elocuente y creativa.

Habiéndose puesto él mismo las ropas de cantautor, cabe preguntarse si Marr tiene algo para decir. Y sí, tiene. Modestamente -como el rango de su voz- sus letras cuentan sobre la vida urbana moderna, la amenaza de perder la esencia a manos de la máquina, la identidad a manos de la masa, Europa como refugio para propios y ajenos... El lenguaje no es (tan) explícito y el expresionismo light de las formas a veces no ayuda (al menos para quien no tiene al inglés como lengua materna), pero hay una conexión con el linaje “zurdito” de bandas inglesas como Heaven 17 o Scritti Politti, que en los 80s llevaron a los charts y las pistas baile sus lecturas de Marx y Gramsci.

Con la excusa de presentar “The messenger” Johnny Marr recorrió el mundo durante un año.Y se ve que le tomó el gusto a esto de ser solista y hacer canciones, porque cuando paró, se metió en el estudio con su banda super-aceitada, para grabar ”Playland”, que se ha editado hace pocas semanas, renovando las credenciales de su antecesor y sonando ya en escenarios europeos.

Johnny Marr se hizo solista a los 50. Nunca es tarde cuando la dicha es buena. Me gusta.