Cada año que se inicia trae consigo una serie de
expectativas e interrogantes, algunos más sustanciosos que otros: “¿estaré yo o
los que me rodean hoy dentro de 12 meses celebrando lo mismo?”, por caso. Otros,
como “¿cuál será el disco que más veces escucharé este año?“, son
definitivamente más ligeros y le van de perillas al perfil de este modesto espacio.
2012 aún no ha terminado pero ya sé cuáles son los
discos que más a menudo habré escuchado hasta el 31 de diciembre: “Eat’em and
smile” y “Skyscraper”, los dos primeros álbumes solistas de David Lee Roth. ¿Por
qué precisamente dos trabajos aparecidos entre 1986-88, que ni siquiera suelen
tener gravitación a la hora de los balances (“lo mejor del año X“, “discos
fundamentales del género X”, etc.) y que suelen ser valorados solamente por los
respectivos fans de los músicos involucrados? Si lo supiera, a principios de año
no habría interrogantes sino una to-do
list…
Pero la gracia del blog está en contar una historia
alrededor de la música y supongo que, aunque sea rascando la olla, algo debe
haber. Cuando a principios de año se anunció la salida del nuevo álbum de Van
Halen, el primero después de 28 años (!!!) con David Lee Roth (DLR) al
micrófono, se me entreveraron el escepticismo y la ilusión, pero igualmente
empecé a hacer la entrada en calor volviendo a escuchar discos de rock
inoxidable como “Van Halen 1” o “1984”.
El regreso efectivo finalmente se produjo semanas más tarde, bajo el
nombre “A different kind of truth”. El material, que dio por tierra con los
pronósticos agoreros y renovó la alegría de saberse fan desde “aquella época”,
me dejó con ganas de más. Entonces me zambullí a escuchar -vía streaming- los dos discos que son objeto
de este artículo. En un momento me di cuenta que se había transformado en un
acto casi diario conectarme a Spotify, buscar una o dos novedades hip
recomendadas en Pitchfork o Rolling Stone y terminar tipeando “David Lee Ro...”
para volver a escuchar esos álbumes. Siempre de a dos. O de a tres, como se verá
luego (*).