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domingo, 30 de diciembre de 2012

Otra lista que nadie necesita



Estoy de vacaciones (muy) lejos de mi estante de discos, lo cual no sería tan grave (*tengo material de reserva) si no fuera por la laxitud-entre-Fiestas y el calor agobiante de la Pampa Húmeda, que atentan contra la mejor voluntad bloggerística. Por eso, para que este espacio tenga continuidad, me decidí por la misma salida a la que recurren TODAS las redacciones periodísticas para maquillar su propia languidez en esta época del año: una lista con lo mejor de los últimos doce meses. 


Hace años ya que no leo las listas de „lo (supuestamente) mejor del año”. Bah, sí lo hago, pero con  desdén. Por más que uno haya levantado por décadas las banderas de una pretendida curiosidad (*en términos de no conformarse con lo que aprueba el consenso de las masas y seguir buscando música nueva y excitante en las grietas), la sensación de que en el rock y el pop todo lo nuevo viene con una fecha de vencimiento cada vez más cercana, es algo decepcionante. Como bien decía el estribillo de uno de mis temas favoritos de una de mis bandas favoritas: “Hip today, you’ll be gone tomorrow...”. ¿Reaccionario? Y sí… tal vez… un poquito… obligado por las circunstancias, la dictadura de los hipsters y eso…

sábado, 10 de noviembre de 2012

Suede, las canciones de cuna y los miedos



Estoy escuchando un disco que, además de un enorme placer sensitivo, me está dando miedo. Miedos.

Hace tres días que lo tengo, después de un golpecito de suerte en eBay, porque –como se verá luego- ya no se consigue por las vías habituales; mejor dicho: hay disquerías con surtido gourmet que muy probablemente lo tengan, pero a precios que... Cómo sea: tengo que retroceder bastante para que se entienda lo de los miedos que mencioné arriba. 

En la primavera de 1994, mientras me adaptaba a mi nueva vida de casado-emigrado (¡los dos estatus adquiridos en el término de una semana!), descubría (sí: descubría) tardíamente al David Bowie que en 1994 valía la pena, o sea el de 15 o 20 años antes.