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lunes, 8 de abril de 2013

Mañana es... hoy.


Uno de los pilares de este blog es el poder relacionar determinados discos de mi colección con retazos del anecdotario personal, amén de la característica particular de haberlos conseguido a precio de oferta. Desde ese puñado de condiciones previas, „The next day“ de David Bowie no debería tener lugar alguno en este espacio y sin embargo... Podría decir que, si bien no se ha tratado de una oferta en términos de “ganga”, la rebaja conocida como “oferta lanzamiento” ha sido generosa esta vez. Y es la edición limitada, con tres bonus tracks.

Respecto a una posible relación personal con el álbum en cuestión: no hace un mes que está en la calle y apenas una semana que está en mi casa... digamos que no ha habido tiempo para incubar sentimientos. Décadas atrás podría haber escrito un tratado de loas sobre “The game” horas después de haberlo recibido, pero resulta que lo pasaban todo el tiempo en la radio y yo había estado esperando durante semanas (¿meses?) tenerlo. De “The next day”, en cambio, ni siquiera esperaba que fuera a existir alguna vez. Bah, en lo más íntimo sí, pero como expresión de deseo con una cuota importante de resignación. El caso es que, tras el sorpresivo anuncio coincidente con su 66to cumpleaños, aquí están Mr. Bowie y su nuevo disco. Bien vale entonces una excepción a las reglas.

miércoles, 10 de octubre de 2012

David Torn, pintor de viola fina



El acceder a un trabajo regular (y, con él, a un ingreso regular) en estas tierras me abrió la posibilidad, allá por 1995, de no tener que pensar y sopesar 45.000 riesgos posibles antes de encarar un acto tan banal como es el de comprar un disco. Lejanos todavía los tiempos del streaming como herramienta de prueba para evitar compras decepcionantes, había un puñado de disquerías en la zona que accedían gentilmente al pedido de escucha previa de este o aquel disco. Así, y con la ayuda de auriculares mayormente desvencijados, resultaba posible comprobar si las recomendaciones de la prensa especializada se correspondían con la realidad y/o los gustos del oyente (los míos, en este caso) o eran pura cháchara. 

Y en esa época yo era un ávido lector de críticas de discos. En una de ellas el objeto de análisis era un guitarrista estadounidense ignoto para mí, llamado David Torn. Dentro de un contexto descriptivo que recuerdo como favorablemente lírico, había en esa crítica una frase que actuó como disparador para que yo, antes de ir a mis clases, una tarde me tomara la molestia de pasar por la disquería WOM para probar con ESE disco y no con los más de 120 (*¡no es una cifra de fantasía, eh!) reseñados en aquella edición de ME/Sounds. La frase en cuestión (o parte de ella) consignaba que este tal Torn utilizaba los pedales de efecto de su guitarra como un instrumento más para crear bla-bla-blá...

 Debo reconocer que lo que pude escuchar de “Triping over God” (tal el título del álbum en cuestión) en fragmentos y a las apuradas, con un puñado de clientes detrás de mí esperando hacer uso de los mismos auriculares, no me satisfizo sobremanera, pero sí o sí invitaba a escucharlo con mayor dedicación. Entonces corté por lo sano y pagué los DM 34,99 (ca. € 17,50 al cambio de hoy), una suma que hoy me parece exorbitante, pero es la misma que en aquel tiempo en la Argentina la gente pagaba alegremente por un CD de Los Auténticos Decadentes, Las Sabrosas Zarigüellas o Emanuel Ortega.

Es dificil describir la música de David To... mejor dicho: es muy fácil describir la música de David Torn amparándose bajo la generosa sombrilla del concepto “experimental”; lo difícil es llenar de contenido esa coartada terminológica. Y más complicada se vuelve la tarea cuando se intenta diseccionarla evitando las menciones a la tecnología (de la cual Torn se sirve discrecionalmente) para no espantar a quienes llevan una existencia medianamente feliz lejos de la jerga de procesadores, técnicas de grabación y demás saberes parciales que conciernen a los músicos.