Hubo un tiempo, hasta no hace muchos años atrás (tres
o cuatro, para ser más preciso), en que una de mis disquerías preferidas
cultivaba este hábito insano y provocador:
el primer día hábil de cada mes, cerca del mediodía, ponía en su
catálogo online una serie (léase: algunos cientos) de CDs/DVDs/LPs a precios de
liquidación absolutamente delirantes, pero se trataba de ejemplares únicos, por
lo cual el margen de duda (“¿lo compro o no?“) debía reducirse a un mínimo imperceptible,
porque en el e-commerce los clientes no se ven las caras pero, en un caso así,
un click oportuno puede tener la
contundencia de un cross de derecha en la lucha cuerpo a cuerpo por ESA joyita
en peligro de extinción.
Así, en aquellos primeros días hábiles de mes, yo
solía proveerme, para deleite propio y ajeno: algunas piezas eran regalos para
amigos, otras tenían una performance atendible a través de la reventa.
Y fue... mmmhhh... en febrero de 2008, posiblemente,
que apareció en esa avalancha de ofertas “Live it out”, de Metric, una banda canadiense
que hasta ese momento me resultaba ignota. Como el disco estaba realmente MUY
barato me tomé unos minutos para buscar información y, como lo que encontré
sonaba prometedor, compré. “Live...” finalmente resultó flojito (*Metric
cumpliría la promesa más tarde, pero eso es tema para otra entrada) y sin
embargo me condujo a un descubrimiento mucho más gratificante: “Knives don’t
have your back”, el álbum solista de Emily Haines, a la sazón, frontwoman y
compositora de Metric.
