Este disco lo he
comprado hasta ahora dos veces: en vinilo y en CD. Entre las dos veces deben
haber mediado poco más de diez años. Las dos veces fueron un negocio
espectacular, en términos de precio/beneficio. Lo que pasa es que, aún cuando hubiera que pagar una pequeña fortuna por él, “Armchair theatre”, debut solista de Jeff Lynne, siempre tiene una recompensa
amable para el oído dispuesto.
Fijo un límite
temporal arbitrario: a partir de 1982 estaba tácitamente prohibido reconocerse
públicamente como fan de la Electric Light Orchestra. No significaba un
problema para mí, que en ese momento estaba ocupado con otras músicas, además
de no entender cómo los ingleses en el último minuto nos robaron el partido si
los locutores de Galtieri se habían pasado dos meses diciendo “vamos ganando”.
Pero en la escuela conocí a un tipo (dos cursos por encima) que en un recreo me
contó, que no sólo le encantaba ELO, sino también Journey, una banda cuyos
discos -en Argentina- han sido puntualmente editados tanto como consecuentemente
ignorados. En tren de
confesiones, para aquella época yo también había deportado mis cassettes y
vinilos de ABBA al fondo de la caja y la pila, respectivamente, donde los
guardaba.
