lunes, 28 de enero de 2013

Marilyn manso


Se puso nombre de mujer y usa maquillaje. ¡Qué original!  
Alice Cooper sobre Marilyn Manson, 2005.



Este asunto del shock rock, a decir verdad, nunca me atrajo mucho que digamos. Demasiado joven para el primer Alice Cooper . De KISS me gustaban algunos (varios, en realidad) de sus temas, pero libres de la asociación visual con su cóctel de maquillaje-sangre artificial-plataformas... ah, y el pisadero de pollitos. La escena hair metal parió en los 80s a W.A.S.P., pero tampoco hubo caso. Al fin y al cabo, nada que merezca mayor profundidad.

La edición de “Antichrist Superstar”, el disco que le deparó fama, dinero y una carrera a Marilyn Manson (la banda / el artista), se editó en una época en la que yo estaba muy ocupado ordenando satisfacciones y reacomodando el prisma a consecuencia de mi paternidad reciente (y -además- en vías de reincidir). Encima, si se le da crédito a la valoración que cierta intelligentsia rockera hacía de la morbosa oferta del álbum, parecía que se estaba frente a un mojón en la historia, no ya de un subgénero, sino del rock en general. 



Y no es que uno haya estado reblandecido de tanto cambiar pañales y mostrarle el mundo a una criatura, sino que en 1996 (en 2013 más aún) a toda esa puesta en escena de automutilación-sadomasoquismo-pesadillas se le veía la costura y sólo podía resultar altamente provocativa en una sociedad como la estadounidense, célebre por su disfuncionalidad y la hipocresía con la que maneja sus tabúes, además de un polifacético (*modo eufemístico: ON) concepto de libertad, hacia adentro, afuera y más allá. Así las cosas, la masacre de Columbine y el documental ad hoc de Michael Moore le proporcionaron involuntariamente un cuarto de hora como líder de opinión, en el rol de provocador profesional. Para esa época yo ya era padre por partida triple.

lunes, 21 de enero de 2013

Nada de guitarras callejeras



No me pregunten cuál fue el cuarto, pero de cuáles fueron mis primeros 3 CDs me acuerdo perfectamente: el primero, “Jeff Beck’s Guitar Shop”, se lo encargué a una compañera de trabajo que viajaba a EE.UU.; los dos siguientes llegaron apenas unas semanas después dentro del equipaje de mi novia, que había hecho un viaje hasta Tierra del Fuego y aprovechado las ventajas de Ushuaia como zona franca, también a sabiendas que un portalápices hecho de piñas de araucaria con la inscripción “Recuerdo de Ushuaia” era el peor souvenir posible. Ah, los discos: “For Unlawful Carnal Knowledge” de Van Halen y “On every street” de Dire Straits.