Se puso nombre de mujer y usa maquillaje. ¡Qué
original!
Alice Cooper sobre Marilyn Manson, 2005.
Este asunto del shock rock, a decir verdad, nunca me atrajo
mucho que digamos. Demasiado joven para el primer Alice Cooper . De KISS me
gustaban algunos (varios, en realidad) de sus temas, pero libres de la
asociación visual con su cóctel de maquillaje-sangre artificial-plataformas...
ah, y el pisadero de pollitos. La escena hair metal parió en los 80s a W.A.S.P., pero tampoco hubo caso. Al fin y al
cabo, nada que merezca mayor profundidad.
La edición de “Antichrist Superstar”, el disco que le deparó fama, dinero y una carrera a Marilyn Manson (la banda / el artista), se editó en una época en la que yo estaba muy ocupado ordenando satisfacciones y reacomodando el prisma a consecuencia de mi paternidad reciente (y -además- en vías de reincidir). Encima, si se le da crédito a la valoración que cierta intelligentsia rockera hacía de la morbosa oferta del álbum, parecía que se estaba frente a un mojón en la historia, no ya de un subgénero, sino del rock en general.
Y no es que uno haya estado reblandecido de tanto cambiar pañales y mostrarle el mundo a una criatura, sino que en 1996 (en 2013 más aún) a toda esa puesta en escena de automutilación-sadomasoquismo-pesadillas se le veía la costura y sólo podía resultar altamente provocativa en una sociedad como la estadounidense, célebre por su disfuncionalidad y la hipocresía con la que maneja sus tabúes, además de un polifacético (*modo eufemístico: ON) concepto de libertad, hacia adentro, afuera y más allá. Así las cosas, la masacre de Columbine y el documental ad hoc de Michael Moore le proporcionaron involuntariamente un cuarto de hora como líder de opinión, en el rol de provocador profesional. Para esa época yo ya era padre por partida triple.

