lunes, 4 de febrero de 2013

Gerontología



Ayer me levanté con el firme propósito de escribir una nueva entrada en el blog, pero sin la más mínima idea sobre cuál de los discos (*que se acumulan por docenas en la lista de espera) aterrizaría en el escritorio para ser objeto de disección. Mientras preparaba el almuerzo dominical, la función “random” de mi reproductor de música me premió con “Ir a más”, de Los Abuelos de la Nada, y, cual acto reflejo, me obligó a atar cabos: fue a principios de febrero de 1983 que, en medio de las vacaciones de verano, fui con mi familia a Rosario; mis padres seguramente tenían que hacer algunas compras o liquidar algún trámite. Mis objetivos, en cambio, eran dos y bien claros: comprar mi “cassette de vacaciones” y buscar a mi amigo José Luis para pasar unos días en mi casa en el pueblo, inaugurando con él una tradición de estancias/visitas veraniegas que, casi sin interrupciones, se prolongaría por más de veinte años.



Apenas semanas después de haber presenciado mi primer recital, en el cual la mitad de Los Abuelos de la Nada habían estado involucrados, en mi programa de radio de cabecera osaron una tarde salir del cómodo eje García-Porchetto-Baglietto-Cantilo para pasar dos temas casi ignotos pero de impacto inmediato (excepto que uno estuviera clínicamente muerto, claro): “Nunca te enamores de aquel marinero bengalí” y “Sin gamulán”. Y, como para reforzar lo del “impacto inmediato”, decidí en el acto que no importaba cuán bueno (o no) fuera el resto del material, ese álbum (“Los abuelos de la Nada”, que -al igual que la banda- venía con críticas auspiciosas en la revista Pelo) iba a ser mi cassette de vacaciones, en una época en que mi presupuesto estival para compras musicales era algo parecido a un arma con una única bala disponible. Una época también en la que no terminaba de decidir si mi formato preferido sería el cassette o el disco de vinilo.

En la cama o en el suelo by Los Abuelos de la Nada on Grooveshark 

El álbum resultó ser un ganador en todo sentido; bah, reconozco que sobre el final, cuando llegaban "Guindilla ardiente/Te vas rica" (caprichosamente enganchadas), mi atención comenzaba a dispersarse: esos coqueteos con el jazz rock que impregnaban buena parte de la producción de rock argentino de aquellos años, me generaban algo parecido a la aversión. Más allá de eso, goce puro. Una novedad era que, si bien a los 13 años me costaba conectar con el vuelo poético de Miguel Abuelo (*las letras de Calamaro y Bazterrica eran más llanas), éste tenía un guiño descontracturado, carecía de esa... ¿cómo decirlo?... “gravidez testimonial” de la que también solía hacer gala el rock argentino para ser tomado en serio: Los Abuelos eran divertidos pero no bobos. Con José Luis lo escuchamos por lo menos una vez en cada uno de los días que pasamos en casa. Y para el resto de aquellas vacaciones yo había sucumbido a su efecto adictivo.

Lo cierto es que “Los Abuelos de la Nada” (el álbum) no alcanzó mayor repercusión sino recién unos meses después, con casi un año en el mercado. Finalmente, el boom destado en el verano siguiente de la mano de “Mil horas” los convirtió en un fenómeno de masas, al tiempo que su omnipresencia cincelaba el perfil ATP que los caracterizaría al momento de su segunda disolución, en 1985. Para ese momento ya habían perdido su lugar en mi simpatía, al punto que usé el cassette como parte de pago de un disco nuevo en una tienda rosarina que ofrecía ese tipo de canjes. 

Pocos años más tarde, Miguel Abuelo tendría el dudoso privilegio de convertirse en el primer rockero argentino muerto a causa del SIDA (*aunque esa versión fuera corregida posteriormente). Unos cuántos años después, José Luis tendría el lamentable privilegio de convertirse en el primero de mis amigos en morir.

Ir a más by Los Abuelos de la Nada on Grooveshark
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En una visita por Rosario a fines de los 90s la batea de ofertas de uno de los locales tradicionales de la ciudad guardaba -para mí, supongo- un ejemplar de la primera edición en CD que Interdisc había hecho de “Los Abuelos...”, por $ 5.

La primera oída de ese CD -ya de vuelta por estos pagos- trajo enseguida retazos bastante bien cuidados de lo que habían sido esos primeros días de vacaciones de verano con mi amigo, aunque aquí fuera enero y, por consiguiente, invierno profundo. La nostalgia es -se sabe- engañosa, fomenta las valoraciones extremistas y la idealización. Sin embargo estoy convencido de que, a 30 años de su edición, “Los Abuelos...” sigue sacudiendo a fuerza de versatilidad; esa versatilidad que traza una línea imaginaria entre discos muy buenos y los clásicos. 

Funk, reggae, rock, pop, en estado puro o mixturados unos con otros, conforman la paleta estilística del álbum. A juzgar por los resultados, en ningún momento se podría decir que haberse metido con tal o cual género sonaba forzado: la destreza interpretativa de los músicos estaba fuera de discusión y, además de haber reunido para la ocasión una decena de canciones de factura impecable, tuvieron la fortuna de que la producción de Charly García pudiera capturar todas esas cualidades logrando un balance vívido entre lo potente y lo sutil.

Guindilla Ardiente by Los Abuelos de la Nada on Grooveshark

Se ha escrito ya suficiente (y con mayor autoridad que la de un servidor) sobre el ímpetu de la poesía de Miguel Abuelo, de su canto alternando la irreverencia con la ternura. También resultan ya suficientes los comentarios apologéticos sobre la precocidad de Andrés Calamaro, abriéndose paso con ese caramelo auditivo que es “Sin gamulán”
Sin embargo, me cuelgo escuchando con perplejidad (*en una conducta que no era diferente en 1983) la base irreductible que conformaban Cachorro López en el bajo y el fallecido Polo Corbella en la batería. Y, mucho más que con eso, mis sentidos se siguen rindiendo con un fervor rayano con lo devocional ante las intervenciones de la guitarra de Gustavo Bazterrica: el sonido tiene autoridad y los solos son memorables, no solamente por estar perfectamente construídos, sino porque con sus dosis parejas de agilidad y fiereza refinan las canciones sin llevárselas por delante. 

Pienso en los solos de “En la cama o en el suelo” o “Ir a más” y automáticamente me dan ganas de escucharlos otra vez. Cuando hoy se habla de guitarristas de rock en la Argentina, el nombre de Gustavo Bazterrica suele brillar por su ausencia o -en el mejor de los casos- como un nombre viniendo de un pasado lejano y uno no puede evitar pensar cuánta mejor música habría podido generar si se hubiera retirado antes de su loca carrera de excesos. Ah, el colorido universo de las ucronías...

2 comentarios:

  1. Vengo un post atrasado, pero en mi defensa digo que con el resto de mis blogs de lectura vengo dos o tres pot atrasados, y además los míos brillan por su inactividad. Bien, "No te enamores..." fue el primer tema que escuché de Los Abuelos en Radio del Plata. De la música que salía de los artistas cláscos que nombras, había (o ahora recuerdo) 3 temas que me llamaban la atención: "MAriposa pontiac" (del famoso demo de Los Redondos en RCA, que por aquellos años post Malvinas se vio beneficiado con cierta difusión), "Un poco de satisfacción" de Mateos, y el nombrado de Los Abuelos. Los empecé a seguir mucho más con "Vasos y Besos", pero el primero quedó siempre en el lugar de reliquia. Especialmente "Guindilla ardiente", mi preferida por siempre de ese disco. Es increíble el optimismo considerando que Abuelo venía de un paseo nada placentero (bueno, tratándose de él no me animo a tratarlo de "no placentero", pero digamos "nada cómodo") por Europa, cárcel incluída. Si no la viste, te recomiendo el documental "Buen día día" sobre Miguel (está completo en youtube). Abuelo era un compadrito, un tipo que en su vida privada tenía poco del divertido frontman, y muchos años después comprendí que aquella famosa performance en el Festival Rock and Pop, con la sangre corriéndole por la mejilla, era algo más que profesionalismo. Charlas (divagues) en una especie de taller "sobre under" con Enrique Symmns, Miguel Abuelo fue uno de los pocos rockeros que salió indemne de la verba despiadada de Symmns. El origen callejero y la vida nómade de ambos tal vez les provocó una complicidad a la distancia. Esuchando ese y los otros discos siguientes, ahora resulta muy facil avisorar por qué a Calamaro le sienta tan cómodo el papel carbónico, y por qué Cachorro Lopez es el reconocido produtor en que se convirtió. No llegué a verlos en vivo, lamentablemente: con una semana de diferencia, el presupuesto ofrecido por mi viejo alcanzaba para un solo show, y opté por la presentación de "Solo quiero rock'n roll", dejando de lado a Los Abuelos en el Luna. No me arrepiento, aunque pensando en que a La Torre lo vi varias veces más, y a Los Abuelos no, queda algo de culpa. Una anécdota: Miguel Abuelo murió el domingo (o la noche del sábado anterior) al que con mis compaleros concursábamos en "Feliz Domingo". Yo llegué tarde (borrachera en peña sindical con Fontova de testigo involuntario), pero muy temprano Calamaro fue a grabar solo con el piano una versión de "Mariposas de Madera". Unos de mis compañeros guarda todavía la letra manuscrita en una hoja de cuaderno que le sirvió de ayuda memoria.

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    1. ¡Guau, qué anecdotario!

      - Me habría gustado ir a ver la presentación de "Sólo quiero rock&roll", pero me tuve que conformar con ver la de "Presas de caza" (= sin el Negro y sin Jota) en Rosario;
      - Mientras buscaba videos de Los Abuelos vi que el documental de MA está en YouTube así que le voy a pegar una mirada;
      - A la distancia, creo que "Cosas mías" (el álbum) estaba bastante bien, pero era otra banda, en todo sentido;
      - Qué canto a la vida debe ser un taller (de lo que sea) a cargo de Enrique Symns ;-)
      - Radio Del Plata (o -mejor dicho- la "obligación" de escucharla por la noche) no llegó a Rosario hasta mediados del '85. La señal era debilísima y llena de descarga, pero llegué a escuchar perlitas inolvidables.

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