miércoles, 26 de junio de 2013

Una cosa lleva a la otra

Durante la semana hay una serie de actividades de rutina que tienen lugar en el escritorio, frente a la computadora. Y si el dichoso aparato dispusiera de un expendedor de café y tostadas ni siquiera existiría la necesidad de interrumpir el flujo de actividades para ir a preparar el desayuno en la cocina. Como complemento de un colación sustanciosa para arrancar el día resulta fundamental la elección de la música que va a acompañar el proceso. En ese sentido podría echar mano a un estante con algunos cientos de discos (*esto no es exhibicionismo: este blog es consecuencia directa de esos cientos de discos; así de simple), elegir un puñado y resolver el asunto libre de riesgos. Pero, a su vez, de ese modo estaría poniéndole un cepo a dos de los aspectos más apasionantes de este dulce incordio que implica la melomanía: la curiosidad y el azar.