sábado, 22 de febrero de 2014

Volver a los 17

Uno se convirtió en un médico de vasta trayectoria, otro es un historietista consagrado, otro es representante de una multinacional maldita (o, por lo menos, altamente controvertida). Y yo estoy retomando este blog que desconoce el favor de las masas.

Con esas personas a las que acabo de enunciar según su derrotero profesional éramos compañeros de curso y -en mayor o menor medida- amigos. Y en ese formato de cuarteto (que no era una constelación muy habitual y de la que eventualmente podría haber tomado parte un quinto integrante que no recuerdo) fuimos una noche de noviembre de 1986 al cine a ver “The breakfast club”, película que había llegado a la Argentina con casi dos años de atraso, precedida por el dato de que la música original incluía ’Donchu’ de Simple Minds”. Que el film presentaba a nuestra coetánea Molly Ringwald no nos lo había dicho nadie, pero ese es otro tema.
Estábamos a semanas de terminar el secundario, era sábado y -por alguna razón que escapa a mi memoria- después de la película no quisimos aterrizar en una pizzería, así que nos metimos en el único supermercado rosarino que tenía abiertas las 24 horas (*en aquella época algo exótico y banalmente revolucionario), compramos Coca-panlactal-quesocortado-fiambrecortado-sachetdemayonesa y nos fuimos a los bancos de la paqueta Plaza Pringles a preparar nuestros sánguches y comentar la película.