viernes, 28 de noviembre de 2014

Alice y las cadenas del desánimo

Leo en Wikipedia que a la madre de Layne Staley no le entusiasmaba mucho el nombre de la banda de su hijo porque podía remitía a una escena de bondage. E imagino que habrá sido el menor de sus temores al lado de la adicción a la heroína que acabó con la vida de Staley antes de cumplir 35 años.

Desde la primera vez que leí el nombre Alice In Chains, imaginé a la chica de la historia de Lewis Carroll, con la candidez hecha harapos en un oscuro rincón de mazmorra y pesados grilletes ajándole las muñecas (o los tobillos, qué más da). La imaginería BDSM nunca se me pasó por la cabeza. Tiempo después, cuando pude escuchar la música, confirmé que había arrimado bastente cerca la bocha, porque si hay algo de lo que AIC adolesce es erotismo.

Eso fue en 1994, apenas radicado en Alemania, de visita en lo de un amigo de mi esposa, que solía comprarse manojos de novedades discográficas con frecuencia semanal (*accionar básico de cualquier melómano con un saludable poder adquisitivo). Se trataba de Jar of flies, un EP indispensable, editado apenas un año después de la que es considerada su obra cumbre: Dirt.

Y comencé a seguirlos. Vino el álbum homónimo, seguido por el unplugged de rigor de aquellos años. Y luego, un devenir pendulante entre lo errático y la nada, entendible para una banda que no estaba dispuesta a desahuciar a su cantante. El desenlace llegó en 2002 y el motivo está comentado en el primer párrafo de esta entrada.

Stone by Alice in CHains on Grooveshark

En 2006 AIC volvió al ruedo con nuevo frontman, una movida riesgosa, teniendo en cuenta, por ejemplo, la experiencia de INXS o -más notoriamente- Queen. Pero AIC siempre había sido una entidad bifronte: la hosquedad decorada con anteojos oscuros de Staley era la cara de la banda y su bramido nasal, la voz; todo lo demás (*¡incluída la mitad de las voces!) fue y es Jerry Cantrell, el rubio con la guitarra y la (ahora diezmada) melena lacia.
Black Gives Way to Blue se llamó el regreso y The Devil Put Dinosaurs Here el siguiente capítulo de AIC 2.0, el sujeto de este devaneo textual. Por esa asimetría de grandes stocks/bajas ventas en algunas tiendas, The Devil Put... llegó a mis manos como super-oferta apenas un año después de haber sido editado.

Hollow by Alice in CHains on Grooveshark

De todas las bandas de Seattle a las que les pegotearon el sello grunge, AIC probablemente haya sido la que más abrevó en el charco de agua espesa que dejó -con carácter fundacional- Black Sabbath a comienzos de los 70s. Así, su música suele renegar del tempo vertiginoso; después de todo, ¿quién tiene ganas de hablar (OK: cantar), montado a un tren a toda velocidad, sobre alienación, existencias pesadillescas y desánimo? Bueno, sí, existe el thrash metal, pero... La puesta en escena de climas por momentos abrumadores parte de la guitarra de Cantrell, sea con un rasgido lacónico o un riff híper-saturado y minimalista, tradición de la casa. Las melodías opresivas-pero-pegadizas se dan la mano con las típicas armonías vocales (*WilliamDuVall, el reemplazante de Staley, es un calibre menor pero aporta), dispuestas a instalarse en el oído y quedarse por un tiempo. Como sucede con los llamados hits. Y de esos The Devil Put... aguarda con un puñado generoso. Obviamente, no se trata de material que los programadores de radio vayan a meter en su carpeta de “éxitos del verano”.

Voices by Alice in CHains on Grooveshark

Al contario de lo que se comenta en ciertos ámbitos de la opinología, su nuevo material demuestra que la banda no murió con Staley. Más bien recuerda a una persona que ha podido rehacer su vida sentimental después de haber enviudado, recuperando en el trámite algo de su salud.


Que Cantrell haya declarado que en el nuevo disco hay letras que hablan de lo que generalmente no debería hablarse para evitar problemas (política y religión) será un detalle secundario mientras la nubes más plomizas del cielo de su Seattle natal sigan a AIC a dónde vaya y a ese fenómeno la banda continúe escribiéndole la banda sonora.

2 comentarios:

  1. Nunca le dí mucha bola a Alice in Chains, excepto al acústico. En principio me quedé con lo de la madre, porque me acordé de la Thom Yorke, cuyo tema favorito del primer Radiohead era uno en primera persona y con referencias a la masturbación. Caso con el que cualquier spicólog se haría las delicias. Pero vuelvo acá.
    Si nunca le di mucha bola a Alice in Chains con Staley mucho menos sin él. Pero ahora voy a ver si pruebo. No ahora, en lo inmediato, pero voy a probar. Había un disco solista de Cantrell que escuché un par de veces hará unos 10 años. No tengo muchas precisiones al respecto.

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    1. El primer disco de Cantrell, "Boggy Depot" (1998), es un candidato de este blog de la primerísima hora y OBVIAMENTE sigue en lista de espera. Pero es el disco que deja claro lo que yo escribí sobre él arriba.
      El 2do disco solista suyo, "Degradation Trip" (2002), salió unas semanas después de que lo encontraran a Staley finado en su casa (¡encima ese título!) > no lo tengo, pero lo escuché un par de veces > probablemente sea (en la versión 2CD) más denso que todo lo de AIC junto...

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