Debe haber sido
durante uno de los recreos de aquel viernes. José Luis me dijo que tenía dinero
para comprarse “un par de discos” el sábado y me preguntó si podía recomendarle
algunos. Yo nunca había escuchado hasta ese momento a The Cars, pero 1)sabía
que eran una banda new-wave con trayectoria y 2)su disco “Heartbeat City”
llevaba semanas bien arriba en la fotocopia del ranking de Billboard que
pegaban en la vidriera de nuestras disquerías preferidas... a los 15 años
algunos solíamos pensar que esos eran indicadores de algo bueno. Al
reencontrarnos el lunes siguiente lo primero que hizo fue agradecerme eufóricamente
por sugerirle justamente ese disco; en cambio, creo que se le desfiguró el
rostro para reprocharme el haberle recomendado también “Undercover” de los
Rolling Stones, un álbum que -según él- era tan horrible que yo tendría que
hacerme cargo de lo que le había costado.
Ese asesoramiento
parcialmente fallido es el recuerdo más viejo que tengo de The Cars. Y “Heartbeat
City” era ciertamente bueno (*lleno de hits, por si a alguien le sirve como
dato), a pesar de ser una especie de álbum de probeta en el cual buena parte de
la esencia de la banda quedó subordinada a la omnipresencia del Fairlight. Hay
que ser justos: en esto del (ab)uso del Fairlight en los 80s los Cars no
estuvieron solos.
Un par de años
más tarde vino el desbande y no volví a escucharlos hasta que Ric Ocasek editó
su excelente “Troublizing” (1998 – ¡no veo la hora de ocuparme de ese disco en
este espacio!) y la revista Guitar World cubrió el lanzamiento, aprovechando
para acercar la música de The Cars a una generación de nacidos tarde, a través
de una generosa reseña de su obra. Me quedé con “Troublizing” y me prometí
hacerme en algún momento de un buen compilado de la banda madre.
“The very best
of The Cars” debe ser la cuarta o quinta compilación oficial de grandes éxitos
de estos bostonianos, pero la primera que se me cruzó a un precio totalmente
irresistible (¿€ 3,99?). Y ahí vamos... Me cuesta hacerme amigo de los temas de
sus primeros álbumes y es algo que no cambia el hecho de que “My best friend’s
girl” o “Good times roll” suelan ser citados entre lo más representativo de su
obra. Cuando los Cars plantan bandera en los 80s es cuando se vuelven
interesantes para mí. La fórmula básica no cambia nunca, dejando abierto el
flanco para posibles detractores que rujan “¡reiteración, auto-plagio, a la
hoguera con ellos!”. ¿A quien le importa cuando el motor es potente y melodías
irresistibles el combustible?
"Drive"
"You
Might Think"
"Magic"
"Hello Again"
"Tonight She
Comes"
"I'm Not the One"
...una selección de gemas pop que pagan
con creces cualquier apuesta. Pero hay más. El sonido de The Cars es un
ejercicio de modestia puesto al servicio de la canción, cuyos vértices
distintivos son la particular voz de Ocasek al frente, los teclados juguetones
de Greg Hawkes y la guitarra de Elliot Easton, un instrumentista
que saca a relucir su virtuosismo de un modo deliberadamente económico, pero
cuando lo hace... Sus solos en “Touch
and go” y “Shake it up” son ejemplos
clarísimos de la fluidez de su fraseo, metiendo yeites propios del country y el
rockabilly en un marco que aparenta ajeno y sin embargo logra un resultado sin
costuras.
(*fijarse en el barman, un señor con toupé en busca de sus 15' de notoriedad)
Hasta que The
Cars se reunieron para grabar material nuevo y salir de gira con su formación
original pasaron más de 20 años y, en el medio, emprendimientos descabellados
como The New Cars, algunos discos solistas poco
inspirados de Ocasek (*con excepción del mencionado “Troublizing”). Además de
que Benjamin Orr, bajista y miembro clave, se despidió del mundo de los autos y
de los vivos.
*****
“Move like this”
se llamó finalmente el álbum-retorno, aparecido a mediados de 2011. Ocasek y
sus muchachos consiguieron hacerse de un lugar en la agenda de Jacknife Lee,
productor harto requerido en los últimos años (U2, R.E.M., Bloc Party), quien
los orientó hacia un sonido menos recargado y más cercano al de sus álbumes
iniciales. Si bien el disco tuvo una aceptación comercial sorprendentemente
buena para una banda de
casi-sexagenarios que vuelven después de dos décadas, un año (o menos) más
tarde las grandes tiendas lo habían incluído ya en su menú de ofertas. En mi
caso fueron € 3,99.
¿Qué compré por ese modesto valor? Varias cosas a la vez:
-una obra que
nunca se plantea cambiar el curso de los acontecimientos;
-el testimonio
de una banda que cuida con entereza y oficio la llama que alguna vez la hizo
brillar entre sus contemporáneos;
-el power-pop
contagioso de "Too Late", "Sad Song" y "Blue
Tip";
-"Soon",
que sube al podio de baladas-pop-que-noquean-sin-pedir-permiso, aunque nunca
logre destronar a la indestructible “Drive” (*curiosamente el single más
exitoso en la carrera de The Cars y cantado por el difunto Orr).
No son pocos los
artistas que en los últimos 20 años se han servido de la fórmula que The Cars
prepararon a mediados de los 70s. Algunos de ellos (Weezer, Bad Religion) han
tenido incluso discos producidos por el propio Ric Ocasek. En “Angles” (2010),
The Strokes les rinden pleitesía con una lealtad casi filial.
Por mi parte no
creo que vaya a ponerme a hurgar en sus álbumes anteriores o en alguno futuro.
Tengo lo mejor de su pasado y un documento del presente. Por poco dinero. Justo lo que necesitaba.


Hace poco la versión de "Drive" por Coleman me devolvió la idea de hacerme de un grandes éxitos de The Cars. EN ese sentido con Flash and the Pan me terminó resultando, por ejemplo. Debo una escucha a buena parte de sus hits, a los cuales (lo compruebo con este post) basta empezar a escuchar para decir "ah! a este también lo conozco".
ResponderBorrarUna de las premisas que me autoimpuse en este blog es -dentro de lo posible- no caer en la tentación de pontificar. Dicho esto: después de haber visto la lista de temas de todos los otros "grandes éxitos" de The Cars, llegué a la conclusión de este "Very best of..." es el que tiene lo que hay que tener para pasarla bien con la banda.
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