El título suena
grandilocuente, como de esas editoriales periodísticas (conservadoras o
psico-progresistas, qué más da...) que mezclan la indignación con las lágrimas
de cocodrilo, arriesgando teorías sobre
el destino de un país y ucronías sobre supuestas chances desperdiciadas.
Entonces aviso: nada que ver, sólo un juego de palabras, casi un cazabobos. Es
más, en el plan para hoy no figuraba escribir y la próxima entrada del blog
debía tratar sobre otro artista. Pero, bien temprano y antes de desayunar, me
encontré en internet con una salva de recordaciones y obituarios por el deceso
de Ray Manzarek. Y en el medio de todo eso, una efeméride apenas visible para
los ojos de todo el mundo pero imperdible para el corazón de los iniciados
(entre los cuales me cuento, sin falsa modestia): hoy, hace 30 años, se editó
como simple “In a big country”. Como sugerí un renglón más arriba, nada que las
masas vayan a conmemorar alrededor del mundo, pero para un puñado generoso de
fanáticos en la diáspora seguramente un dato simpático a recordar. Cada uno
tendrá sus motivos; yo, los míos.
martes, 21 de mayo de 2013
domingo, 12 de mayo de 2013
En esta tarde gris...
Desde hace unos
dos años recibo el boletín (*newsletter en
esperanto moderno) de un sello discográfico con el cual tuve una vez una
cooperación muy interesante. Lamentablemente para mí no se ha vuelto a repetir,
pero a pesar de eso sigo enterándome periódicamente de las cosas que publican,
el 85% de las cuales no mueven ni por asomo el amperímetro de mi curiosidad.
miércoles, 1 de mayo de 2013
La máquina de hacer feliz
Tapa fondo amarillo y
letras verdes, montaje fotográfico en blanco y negro (Nito de perfil, Charly García
en segundo plano con un teclado frente a sí). “Lo mejor de La Máquina de Hacer Pájaros y Nito Mestre & Los Desconocidos de Siempre”: esa ¿obra? de título
sobrexplícito fue mi primer cassette de rock argentino. A principios de 1981,
en ocasión de un congreso profesional en Buenos Aires, mi padre aprovechó el
viaje y se dio una vuelta por un evento llamado “Feria Internacional del Disco”
(o algo así), que tenía lugar en ese mismo momento en la capital. Además del ya
mencionado, también recibí como souvenir (*en una época en que -viviendo en el
campo- cada viaje a Buenos Aires tenía casi el mismo valor simbólico de “una
escapadita a Miami”) otro de tapa celeste con una foto espantosa, titulado
simplemente “Manal”. Ambos producto de sendas vejaciones del sello Microfón a
su propio catálogo, como para vender en estaciones de servicio y/o paradores
ruteros. Desconozco cuál fue el criterio de elección a la hora de comprarme
esos cassettes, sobre todo por parte de alguien que en aquel momento estaba
parado (¡y a mucha honra!) justo en la tanguerísima vereda de enfrente y con un
par de cañones apuntando prestos hacia el lado del rock; tampoco es cuestión de
ser un desagradecido...
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