Desde hace unos
dos años recibo el boletín (*newsletter en
esperanto moderno) de un sello discográfico con el cual tuve una vez una
cooperación muy interesante. Lamentablemente para mí no se ha vuelto a repetir,
pero a pesar de eso sigo enterándome periódicamente de las cosas que publican,
el 85% de las cuales no mueven ni por asomo el amperímetro de mi curiosidad.
El año pasado -para
esta misma época- me llegó uno de los boletines que suele firmar Steffen G.,
anunciando una colaboración en formato álbum entre Dave Gahan (cuya obra conozco)
y Soulsavers (cuya obra -a juzgar por el tono laudatorio del texto- debería
haber conocido, pero no era el caso).
Como indicio de lo que debería esperarse de ese trabajo conjunto se
adjuntaba un link para escuchar “Longest day”, una de esas baladas que, aún
transitando la delgada franja entre lo pegadizo y lo pegajoso, tienen cierto
encanto. Como en ese
momento faltaban algunas semanas para la salida del disco y tanto el sello como
los artistas jugaban al hermetismo, me aboqué a hurgar en la trayectoria y el
material de estos Soulsavers. Lo que encontré me gustó, al punto de decir “ves,
este disco está muy bien y en una de esas hasta se consigue en oferta”. El
álbum encuestión es “Broken” (2009), tercero
en la obra de Soulsavers y primero en formar parte de mi colección. Y, por
estas cosas del deprimido mercado discográfico, a mitad de precio (y un poquito
menos también) en una de mis tiendas de confianza.
Hace dos
párrafos vengo aguantándome de usar el término “banda” para referirme a
Soulsavers, básicamente porque no lo son en un sentido tradicional. Se trata de
dos ingleses, Rich Machin e Ian Glover, que suelen aunar esfuerzos como equipo
de producción y remixado, al tiempo que con frecuencia trienal publican su
propio material. El método de trabajo de Machin y Glover no es nuevo pero abre
un abanico de posibilidades interesantes: dos productores-anfitriones que se
ocupan de la música y el sonido, creando el marco para que uno o algunos cantantes
invitados pongan no sólo su voz sino también palabras al asunto.
La información
disponible sobre estos muchachos es bien-bien escasa, pero señala al vasto
universo de la música electrónica (y, dentro de éste, el nicho del downbeat)
como su origen. No he ido tan atrás en mis escuchas como para constatarlo, pero
se nota que en algún momento hicieron una drástica muda de piel, porque en la
música de lo que hoy es su penúltimo disco se vuelve vana la búsqueda de algún
sonido imputable a “las máquinas”. Cuerdas y percusiones acústicas, guitarras
de fogón por acá y otras como asomando desde un pantano por allá. Y si la
atmósfera del álbum se parece bastante a la de una fría siesta otoñal no es
sólo porque las cabezas de Soulsaver encadenaron preminentemente acordes
menores, sino porque en Mark Lanegan, canciller plenipotenciario del rock noir,
encontraron la dosis de aspereza para redondear esta tertulia sombría. Otros
muchachos que suelen evitar la exposición al sol (tal el caso de Richard Hawley
y Jason Pierce) hacen aportes modestos desde la segunda fila pero
es la garganta andrajosa de Lanegan la que marca el rumbo. Pharaoh's Chariot by Soulsavers on Grooveshark
¿Pero que pasó
con aquel álbum anunciado en el boletín? Lo compré para regalárselo a una amiga
a la cual le debía una atención. Como en esta ocasión no era Mark Lanegan
sino Dave Gahan el cantante y ella es una degustadora consecuente de (casi)
todo lo que surga del entorno de Depeche Mode, me pareció oportuno. Una primera vez lo escuché en stream y funcionó sólo como música de fondo. Hace
unas semanas lo vi a mitad de precio y le di otra chance. “The light the dead
see” es alegóricamente noir desde el
título (“La luz que ven los muertos”)
hasta el negro impenetrable de la gráfica, con el detalle de un fantasma
saliendo de la bocina de un fonógrafo. Si el sonido fuera cine sería
cinemascope: pretencioso como el nombre del proyecto (“los redentores de almas”),
la sección de cuerdas ha crecido considerablemente respecto al disco anterior,
se han sumado vientos y unos coros de liturgia bautista haciéndole un guiño a
la tradición pinkfloydiana.
En el centro de
la escena, Dave Gahan y su voz, ambos sobrevivientes-tentempie de mil excesos y
romances con la cornisa. Después de décadas de cantar las letras que Martin Gore le escribía -en forma y contenido- a medida, Gahan se le animó a la lírica
propia recién en 2003, en su primer álbum solista, y a partir de ahí se ha ido
afirmando como letrista, sin descollar pero tampoco sin producir vergüenza
ajena. Arribando al medio siglo de vida, su temática es la del existencialista
light (¡tampoco se puede ser siempre Leonard Cohen!), el ateo lleno de dudas
que desafía al dios cuya existencia niega, pero al que le reza cuando aprieta
el zapato. También se pone en el lugar del amante confundido que -por fortuna-
encuentra otras formas de expresar la clásica sintomatología del “no sos vos,
soy yo”. Gone Too Far by Soulsavers on Grooveshark Sarcasmos al margen, creo que lo que convierte a este disco en un
entretenimiento con peso específico es la revalidación de las dotes de Gahan en
un contexto musical que no es el living de su casa (*aunque hace 20 años “Condemnation”
haya sido un escarceo bien logrado con el sello del gospel). A lo largo de diez temas croonea de lo lindo y alcanza
picos de expresividad (“Gone too far”) que en las performances con su banda
madre se venían extrañando. El méritoes tambiénde Soulsavers, de Machin &
Glover y su método no-narcisista a la hora de generar perlitas de brillo
austero, que no salvan almas, pero despliegan un extraño encanto en domingos de
cielo cerrado como este.
ah, de esto no tengo puta idea. Escucho en casa y vuelvo a comentar
ResponderBorrarTodo a su tiempo, m'hijo :-).
BorrarApuesto a que te va a gustar más el disco con Lanegan...