domingo, 12 de mayo de 2013

En esta tarde gris...

Desde hace unos dos años recibo el boletín (*newsletter en esperanto moderno) de un sello discográfico con el cual tuve una vez una cooperación muy interesante. Lamentablemente para mí no se ha vuelto a repetir, pero a pesar de eso sigo enterándome periódicamente de las cosas que publican, el 85% de las cuales no mueven ni por asomo el amperímetro de mi curiosidad.


El año pasado -para esta misma época- me llegó uno de los boletines que suele firmar Steffen G., anunciando una colaboración en formato álbum entre Dave Gahan (cuya obra conozco) y Soulsavers (cuya obra -a juzgar por el tono laudatorio del texto- debería haber conocido, pero no era el caso).  Como indicio de lo que debería esperarse de ese trabajo conjunto se adjuntaba un link para escuchar  “Longest day”, una de esas baladas que, aún transitando la delgada franja entre lo pegadizo y lo pegajoso, tienen cierto encanto. Como en ese momento faltaban algunas semanas para la salida del disco y tanto el sello como los artistas jugaban al hermetismo, me aboqué a hurgar en la trayectoria y el material de estos Soulsavers. Lo que encontré me gustó, al punto de decir “ves, este disco está muy bien y en una de esas hasta se consigue en oferta”. El álbum en  cuestión es “Broken” (2009), tercero en la obra de Soulsavers y primero en formar parte de mi colección. Y, por estas cosas del deprimido mercado discográfico, a mitad de precio (y un poquito menos también) en una de mis tiendas de confianza.

Unbalanced Pieces by Soulsavers on Grooveshark

Hace dos párrafos vengo aguantándome de usar el término “banda” para referirme a Soulsavers, básicamente porque no lo son en un sentido tradicional. Se trata de dos ingleses, Rich Machin e Ian Glover, que suelen aunar esfuerzos como equipo de producción y remixado, al tiempo que con frecuencia trienal publican su propio material. El método de trabajo de Machin y Glover no es nuevo pero abre un abanico de posibilidades interesantes: dos productores-anfitriones que se ocupan de la música y el sonido, creando el marco para que uno o algunos cantantes invitados pongan no sólo su voz sino también palabras al asunto.
La información disponible sobre estos muchachos es bien-bien escasa, pero señala al vasto universo de la música electrónica (y, dentro de éste, el nicho del downbeat) como su origen. No he ido tan atrás en mis escuchas como para constatarlo, pero se nota que en algún momento hicieron una drástica muda de piel, porque en la música de lo que hoy es su penúltimo disco se vuelve vana la búsqueda de algún sonido imputable a “las máquinas”. Cuerdas y percusiones acústicas, guitarras de fogón por acá y otras como asomando desde un pantano por allá. Y si la atmósfera del álbum se parece bastante a la de una fría siesta otoñal no es sólo porque las cabezas de Soulsaver encadenaron preminentemente acordes menores, sino porque en Mark Lanegan, canciller plenipotenciario del rock noir, encontraron la dosis de aspereza para redondear esta tertulia sombría. Otros muchachos que suelen evitar la exposición al sol (tal el caso de Richard Hawley y Jason Pierce) hacen aportes modestos desde la segunda fila pero es la garganta andrajosa de Lanegan la que marca el rumbo.

Pharaoh's Chariot by Soulsavers on Grooveshark

¿Pero que pasó con aquel álbum anunciado en el boletín? Lo compré para regalárselo a una amiga a la cual le debía una atención. Como en esta ocasión no era Mark Lanegan sino Dave Gahan el cantante y ella es una degustadora consecuente de (casi) todo lo que surga del entorno de Depeche Mode, me pareció oportuno. Una primera vez lo escuché en stream y funcionó sólo como música de fondo. Hace unas semanas lo vi a mitad de precio y le di otra chance. “The light the dead see” es alegóricamente noir desde el título (“La luz que ven los muertos”) hasta el negro impenetrable de la gráfica, con el detalle de un fantasma saliendo de la bocina de un fonógrafo. Si el sonido fuera cine sería cinemascope: pretencioso como el nombre del proyecto (“los redentores de almas”), la sección de cuerdas ha crecido considerablemente respecto al disco anterior, se han sumado vientos y unos coros de liturgia bautista haciéndole un guiño a la tradición pinkfloydiana.


En el centro de la escena, Dave Gahan y su voz, ambos sobrevivientes-tentempie de mil excesos y romances con la cornisa. Después de décadas de cantar las letras que Martin Gore le escribía -en forma y contenido- a medida, Gahan se le animó a la lírica propia recién en 2003, en su primer álbum solista, y a partir de ahí se ha ido afirmando como letrista, sin descollar pero tampoco sin producir vergüenza ajena. Arribando al medio siglo de vida, su temática es la del existencialista light (¡tampoco se puede ser siempre Leonard Cohen!), el ateo lleno de dudas que desafía al dios cuya existencia niega, pero al que le reza cuando aprieta el zapato. También se pone en el lugar del amante confundido que -por fortuna- encuentra otras formas de expresar la clásica sintomatología del “no sos vos, soy yo”. 

Gone Too Far by Soulsavers on Grooveshark

Sarcasmos al margen, creo que lo que convierte a este disco en un entretenimiento con peso específico es la revalidación de las dotes de Gahan en un contexto musical que no es el living de su casa (*aunque hace 20 años “Condemnation” haya sido un escarceo bien logrado con el sello del gospel). A lo largo de diez temas croonea de lo lindo y alcanza picos de expresividad (“Gone too far”) que en las performances con su banda madre se venían extrañando. El mérito es también de Soulsavers, de Machin & Glover y su método no-narcisista a la hora de generar perlitas de brillo austero, que no salvan almas, pero despliegan un extraño encanto en domingos de cielo cerrado como este.



2 comentarios:

  1. ah, de esto no tengo puta idea. Escucho en casa y vuelvo a comentar

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    Respuestas
    1. Todo a su tiempo, m'hijo :-).
      Apuesto a que te va a gustar más el disco con Lanegan...

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