jueves, 22 de noviembre de 2012

Tautología



Entre las ca. 45.679 novedades que la prensa musical publica a diario,  hubo una a principios de año que me llamó la atención: Public Image Ltd. anunciaban la edición de su primer álbum después de 20 años, presentando como adelanto el clip del tema “One drop”.
Consignando la ecuación de PIL = John Lydon + músicos de turno, debo decir que nunca me interesó demasiado ni su oferta artística ni las andanzas de Lydon con los SexPistols. Hace unos años mi vecino Oliver me prestó “The Greatest Hits, So Far”, el “grandes éxitos” de 1990 y, en lugar de escucharlo con atención, terminé apurando el trámite, a ver si me pasaba algo que no fuera sopor. En vano.

Tiempo después, en una tienda de “todo x € 1” en la que solían tener una mesa con CDs al lado de una de medias para mujer de vaya-uno-a-saber-qué-origen, me topé con “Psycho’s path”, el álbum solista de John Lydon, y lo llevé sabiendo que podría hacer buen negocio en una subasta online. Pero estoy 98,9 % seguro que nunca pasó por mi compactera. 

viernes, 16 de noviembre de 2012

El teatro solitario del viejo Jeff



Este disco lo he comprado hasta ahora dos veces: en vinilo y en CD. Entre las dos veces deben haber mediado poco más de diez años. Las dos veces fueron un negocio espectacular, en términos de precio/beneficio. Lo que pasa es que, aún cuando hubiera que pagar una pequeña fortuna por él,  “Armchair theatre”, debut solista de Jeff Lynne, siempre tiene una recompensa amable para el oído dispuesto.

Fijo un límite temporal arbitrario: a partir de 1982 estaba tácitamente prohibido reconocerse públicamente como fan de la Electric Light Orchestra. No significaba un problema para mí, que en ese momento estaba ocupado con otras músicas, además de no entender cómo los ingleses en el último minuto nos robaron el partido si los locutores de Galtieri se habían pasado dos meses diciendo “vamos ganando”. Pero en la escuela conocí a un tipo (dos cursos por encima) que en un recreo me contó, que no sólo le encantaba ELO, sino también Journey, una banda cuyos discos -en Argentina- han sido puntualmente editados tanto como consecuentemente ignorados. En tren de confesiones, para aquella época yo también había deportado mis cassettes y vinilos de ABBA al fondo de la caja y la pila, respectivamente, donde los guardaba.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Suede, las canciones de cuna y los miedos



Estoy escuchando un disco que, además de un enorme placer sensitivo, me está dando miedo. Miedos.

Hace tres días que lo tengo, después de un golpecito de suerte en eBay, porque –como se verá luego- ya no se consigue por las vías habituales; mejor dicho: hay disquerías con surtido gourmet que muy probablemente lo tengan, pero a precios que... Cómo sea: tengo que retroceder bastante para que se entienda lo de los miedos que mencioné arriba. 

En la primavera de 1994, mientras me adaptaba a mi nueva vida de casado-emigrado (¡los dos estatus adquiridos en el término de una semana!), descubría (sí: descubría) tardíamente al David Bowie que en 1994 valía la pena, o sea el de 15 o 20 años antes. 

sábado, 3 de noviembre de 2012

Robert Plant, el que ya hacía discos buenísimos en 1993



En los últimos días, un puñado de mis contactos en las redes sociales se ha deshecho en superlativos para describir el cúmulo de sensaciones que le ha producido el doblete de actuaciones de Robert Plant en Buenos Aires. Y, a juzgar por material de vídeo disponible de shows apenas unos días anteriores, los comentarios exultantes tendrían justificación plena. Me alegro por ellos.

Nunca he sido fan de Led Zeppelin. En los días en que John Bonham se tragó su último vómito yo recién estaba empezando a buscar música en la radio y la guitarra era un instrumento en el que funcionaban muy bien las zambas, las chacareras y las canciones de iglesia. Unos años más tarde, cuando descubrí el gusto por el hard-rock, Zeppelin ya me sonaba viejo (*la palabra “clásico” todavía no se usaba como coartada) y nunca terminé de subirme a su tren. La carrera solista de Plant la seguí de reojo en una época en que ESA era música que TAMBIÉN pasaban en la radio. Y, si bien me enganchaba a menudo con algunos de sus temas, nunca sentí la curiosidad por profundizar la “veta Plant”.