jueves, 22 de noviembre de 2012

Tautología



Entre las ca. 45.679 novedades que la prensa musical publica a diario,  hubo una a principios de año que me llamó la atención: Public Image Ltd. anunciaban la edición de su primer álbum después de 20 años, presentando como adelanto el clip del tema “One drop”.
Consignando la ecuación de PIL = John Lydon + músicos de turno, debo decir que nunca me interesó demasiado ni su oferta artística ni las andanzas de Lydon con los SexPistols. Hace unos años mi vecino Oliver me prestó “The Greatest Hits, So Far”, el “grandes éxitos” de 1990 y, en lugar de escucharlo con atención, terminé apurando el trámite, a ver si me pasaba algo que no fuera sopor. En vano.

Tiempo después, en una tienda de “todo x € 1” en la que solían tener una mesa con CDs al lado de una de medias para mujer de vaya-uno-a-saber-qué-origen, me topé con “Psycho’s path”, el álbum solista de John Lydon, y lo llevé sabiendo que podría hacer buen negocio en una subasta online. Pero estoy 98,9 % seguro que nunca pasó por mi compactera. 


Lo cierto es que le dediqué al clip de “One drop” los 4’ o 5’ que dura, me gustó y finalmente me decidí a bucear en la discografía de PIL, empezando por el material que ofreciera algún punto de abordaje interesante, por remoto que fuera. Así fue como busqué “Album” (1986), del cual sabía que Steve Vai había sido guitarrista invitado, dando lugar a uno de los emparejamientos más particulares en la historia del rock: LA voz del punk nihilista junto a un virtuoso entre virtuosos, o sea, el tipo de músicos contra los cuales el punk supuestamente se había sublevado diez años antes. Además de este dato, conocía sobre este disco la famosa anécdota tautológica que acompañó la edición original: conservando el diseño de tapa, la version en vinilo fue llamada “Album”, el cassette “Cassette”, el CD “Compact Disc”.


Las riendas de la  producción artística le fueron confiadas a Bill Laswell, músico y mentor que históricamente ha tenido el “sí” fácil cuando en el horizonte se vislumbran posibilidades vanguardísticas, sea mixturando géneros o seduciendo artistas con el perfume del riesgo.
Cuenta la leyenda que Lydon tenía una visión artística determinada para la obra, pero no confiaba en que los músicos con los que había estado de gira recientemente estuvieran en condiciones de plasmarla en el estudio; no al menos con el grado de perfección que él tenía en mente. Por eso, el primer paso de Laswell fue convocar a un equipo soñado de profesionales: Tony Williams (Miles Davis) y Ginger Baker (Cream) alternándose en la batería, Ryuichi Sakamoto en las teclas y los jóvenes talentos de Vai en la guitarra y Jonas Hellborg en el bajo. El resultado son siete temas contundentes e intensos que, a pesar de su sonido pulido, no tienen otra intención que sacar al oyente de un posible estado de comodidad.

El puntapié inicial lo da "F.F.F", sigla para “Farewell, fairweather friends” (“Adiós, amigos oportunistas”): pura hiel en un título y un texto que sólo pueden haber salido de la cabeza de un tipo que a los 20 años no se arropaba en la épica declamatoria de “¡hasta la victoria siempre!”, sino que berreaba a los cuatro vientos “¡no hay futuro, no hay futuro!“.
La constante del disco es una base monolítica en la cual las melodías brillan por omisión; un lienzo sobre el cual Steve Vai filetea a gusto con las seis cuerdas, toda vez que al discurso/queja de Lydon se le han acabado las estrofas.



*****
Inoculado de entusiasmo por “Album”, continué mi trabajo de campo con “That what is not” (1992; en el medio aparecieron “Happy?” y “9”), donde la receta se repite con algunas variantes y un team de músicos diferentes, entre los que se destaca el fallecido John McGeoch, sin dudas EL guitarrista del post-punk (*típico caso de “tocó con todos”).

Bastó una oída vía streaming , coincidente con el menú de ofertas de una de mis tiendas de confianza, incluyendo discografía completa de PIL remasterizada a mitad de precio, para apresurar la compra simultánea de “Album” y “That what is not”. 

Que el CD ya no se llame “Compact disc”, sino “Album” rompe con el estoicismo del concepto original; ojalá esa ruptura hubiese tenido continuidad en el librillo, donde cualquier tipo de información -como hace 25 años- brilla por su ausencia, como parte del concepto. Conceptos pueden ser también un incordio cuando el arte ataca... En cambio, en el librillo que acompaña „That what…“ están incluídas las informaciones necesarias y las letras de las canciones... lamentablemente con una tipografía nanométrica, casi como para ir sacando un turno en lo del oftalmólogo. Desde este espacio en el llano y sin grandes expectativas de que alguien se haga eco: más allá de la supuesta/real optimización del audio (*también un punto controvertido), estas reediciones desangeladas son una burla hacia el espíritu de la obra de arte total, máxime en tiempos en que es consenso la noción de que la música en formato físico debería ofrecer un valor agregado para no perder atractividad. 


Como conté al principio, lo que hicieran los Pistols (juntos, solos o mal acompañados) siempre me resultó indiferente. Lydon mismo: una vieja histérica, aún cuando tuviera sólo 30 años. Más allá de los aspectos estrictamente musicales y el atractivo que se me acaba de revelar a través de estos dos álbumes, en perspectiva creo que John Lydon, con su inconformismo consecuente (cuyo capítulo más reciente es su reaparición como cuentapropista tras haber sido borrado 20 años del negocio), creando sus propias reglas, es poseedor de un ethos más creíble que el de toda la manada de punkitos de probeta, esclavos del sonido uniforme e inocuo que esperan suene en la radio.

Mientras intento terminar este escrito con la tele encendida, acabo de cambiar de canal y caer -¡lo juro!- en un documental sobre Vivienne Westwood, en el cual al cabo de 20 segundos ha aparecido John Lydon, en su encarnación modelo 1976 y ladrándole con sorna aquello de “Gad save tha queeeen!!!” al corazón del pogo. La próxima vez que escriba sobre él (más concretamente, sobre “This is PIL”, su nuevo álbum) probablemente sea un ensayo sobre el arte de perder algo de pelo, un par de dientes, pero no las mañas…

(*pssst: este link no se puede abrir en Alemania, pero promete la escucha completa de "Album")

2 comentarios:

  1. También llegué tarde a PIL. En verdad la relación con los Pistols fue extraña, porque cuando me enteré que tenían un solo disco me decepcioné. Estaba acostumbrado a hurgar en bandas de los '60 y '70 (todas ellas odiadas por SP) que tenían un disco por año, y de pronto estos tipos pretendían haber cambiado el mundo con uno solo. Después entendí, pero en ese momento no. Además aparecieron los Clash y no encontraba punto de comparación. Aún así fui al cine a ver "Sid & Nancy". Bueno, para resumir: lo mejor que dio el punk fue el post punk, y ahí PIL tiene un lugar encumbrado, que a mi juicio se merecen. Escuché sus discos, pero en el ipod me acompaña un grandes éxitos, más que suficiente. El último me gustó.

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    1. A mí lo de la carrera-relámpago de los Pistols también me parecía sospechoso y, además, a la Argentina, para los de nuestra generación llegó recontra-tarde > ellos mismos ya estaban desde hacía rato en otra cosa. Ahora, en perspectiva, tomás a los Pistols y a Nirvana y ves que las bandas que patean el tablero explotan poco después, pero arman un revoltijo interesante...

      Ese grandes-éxitos debe tener (mal que les pese a ellos, en la línea de "Queen: Greatest Hits" o "KISS: Double Platinum) muchos adeptos porque lo re-editaron remasterizado como parte del catálogo oficial.

      El último disco está bueno (*creo que es más "difícil" que estos 2 que acabo de presentar) y lo tengo esperando para ocupar un lugar acá.

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