Entre las ca.
45.679 novedades que la prensa musical publica a diario, hubo una a principios de año que me llamó la
atención: Public Image Ltd. anunciaban la edición de su primer álbum después de
20 años, presentando como adelanto el clip del tema “One drop”.
Consignando la
ecuación de PIL = John Lydon + músicos de turno, debo decir que nunca me
interesó demasiado ni su oferta artística ni las andanzas de Lydon con los SexPistols. Hace unos años mi vecino Oliver me prestó “The Greatest Hits, So Far”,
el “grandes éxitos” de 1990 y, en lugar de escucharlo con atención, terminé apurando el trámite, a ver si me pasaba algo que no fuera sopor. En vano.
Tiempo después,
en una tienda de “todo x € 1” en la que solían tener una mesa con CDs al lado
de una de medias para mujer de vaya-uno-a-saber-qué-origen, me topé con
“Psycho’s path”, el álbum solista de John Lydon, y lo llevé sabiendo que podría
hacer buen negocio en una subasta online. Pero estoy 98,9 % seguro que nunca
pasó por mi compactera.
Lo cierto es que
le dediqué al clip de “One drop” los 4’ o 5’ que dura, me gustó y finalmente me
decidí a bucear en la discografía de PIL, empezando por el material que
ofreciera algún punto de abordaje interesante, por remoto que fuera. Así fue
como busqué “Album” (1986), del cual sabía que Steve Vai había sido guitarrista
invitado, dando lugar a uno de los emparejamientos más particulares en la
historia del rock: LA voz del punk nihilista junto a un virtuoso entre
virtuosos, o sea, el tipo de músicos contra los cuales el punk supuestamente se
había sublevado diez años antes. Además de este dato, conocía sobre este disco
la famosa anécdota tautológica que acompañó la edición original: conservando el
diseño de tapa, la version en vinilo fue llamada “Album”, el cassette
“Cassette”, el CD “Compact Disc”.
Las riendas de
la producción artística le fueron confiadas a Bill Laswell, músico y mentor que históricamente ha tenido el “sí” fácil cuando en
el horizonte se vislumbran posibilidades vanguardísticas, sea mixturando
géneros o seduciendo artistas con el perfume del riesgo.
Cuenta la
leyenda que Lydon tenía una visión artística determinada para la obra, pero no
confiaba en que los músicos con los que había estado de gira recientemente
estuvieran en condiciones de plasmarla en el estudio; no al menos con el grado
de perfección que él tenía en mente. Por eso, el primer paso de Laswell fue
convocar a un equipo soñado de profesionales: Tony Williams (Miles Davis) y
Ginger Baker (Cream) alternándose en la batería, Ryuichi Sakamoto en las teclas
y los jóvenes talentos de Vai en la guitarra y Jonas Hellborg en el bajo. El
resultado son siete temas contundentes e intensos que, a pesar de su sonido
pulido, no tienen otra intención que sacar al oyente de un posible estado de
comodidad.
El puntapié inicial lo da "F.F.F", sigla para “Farewell, fairweather friends” (“Adiós,
amigos oportunistas”): pura hiel en un título y un texto que sólo pueden haber
salido de la cabeza de un tipo que a los 20 años no se arropaba en la épica
declamatoria de “¡hasta la victoria siempre!”, sino que berreaba a los cuatro
vientos “¡no hay futuro, no hay futuro!“.
La constante del disco es
una base monolítica en la cual las melodías brillan por omisión; un lienzo
sobre el cual Steve Vai filetea a gusto con las seis cuerdas, toda vez que al
discurso/queja de Lydon se le han acabado las estrofas.
*****
Inoculado de
entusiasmo por “Album”, continué mi trabajo de campo con “That what is not”
(1992; en el medio aparecieron “Happy?” y “9”), donde la receta se repite con
algunas variantes y un team de músicos diferentes, entre los que se destaca el
fallecido John McGeoch, sin dudas EL guitarrista del post-punk (*típico caso de
“tocó con todos”).
Bastó una oída
vía streaming , coincidente con el menú de ofertas de una de mis tiendas de
confianza, incluyendo discografía completa de PIL remasterizada a mitad de
precio, para apresurar la compra simultánea de “Album” y “That what is not”.
Que el CD ya no se llame “Compact disc”, sino “Album” rompe con el estoicismo
del concepto original; ojalá esa ruptura hubiese tenido continuidad en el
librillo, donde cualquier tipo de información -como hace 25 años- brilla por su
ausencia, como parte del concepto. Conceptos pueden ser también un incordio
cuando el arte ataca... En cambio, en el librillo que acompaña „That what…“
están incluídas las informaciones necesarias y las letras de las canciones...
lamentablemente con una tipografía nanométrica, casi como para ir sacando un
turno en lo del oftalmólogo. Desde este espacio en el llano y sin grandes
expectativas de que alguien se haga eco: más allá de la supuesta/real optimización
del audio (*también un punto controvertido), estas reediciones desangeladas son
una burla hacia el espíritu de la obra de arte total, máxime en tiempos en
que es consenso la noción de que la música en formato físico debería ofrecer un
valor agregado para no perder atractividad.
Como conté al
principio, lo que hicieran los Pistols (juntos, solos o mal acompañados)
siempre me resultó indiferente. Lydon mismo: una vieja histérica, aún cuando
tuviera sólo 30 años. Más allá de los aspectos estrictamente musicales y el
atractivo que se me acaba de revelar a través de estos dos álbumes, en perspectiva creo que John Lydon, con
su inconformismo consecuente (cuyo capítulo más reciente es su reaparición como
cuentapropista tras haber sido borrado 20 años del negocio), creando sus
propias reglas, es poseedor de un ethos
más creíble que el de toda la manada de punkitos de probeta, esclavos del
sonido uniforme e inocuo que esperan suene en la radio.
Mientras intento
terminar este escrito con la tele encendida, acabo de cambiar de canal y caer -¡lo juro!- en un
documental sobre Vivienne Westwood, en el cual al cabo de 20 segundos ha
aparecido John Lydon, en su encarnación modelo 1976 y ladrándole con sorna
aquello de “Gad save tha queeeen!!!” al corazón del pogo. La próxima vez que
escriba sobre él (más concretamente, sobre “This is PIL”, su nuevo álbum)
probablemente sea un ensayo sobre el arte de perder algo de pelo, un par de
dientes, pero no las mañas…
(*pssst: este link no se puede abrir en Alemania, pero promete la escucha completa de "Album")



También llegué tarde a PIL. En verdad la relación con los Pistols fue extraña, porque cuando me enteré que tenían un solo disco me decepcioné. Estaba acostumbrado a hurgar en bandas de los '60 y '70 (todas ellas odiadas por SP) que tenían un disco por año, y de pronto estos tipos pretendían haber cambiado el mundo con uno solo. Después entendí, pero en ese momento no. Además aparecieron los Clash y no encontraba punto de comparación. Aún así fui al cine a ver "Sid & Nancy". Bueno, para resumir: lo mejor que dio el punk fue el post punk, y ahí PIL tiene un lugar encumbrado, que a mi juicio se merecen. Escuché sus discos, pero en el ipod me acompaña un grandes éxitos, más que suficiente. El último me gustó.
ResponderBorrarA mí lo de la carrera-relámpago de los Pistols también me parecía sospechoso y, además, a la Argentina, para los de nuestra generación llegó recontra-tarde > ellos mismos ya estaban desde hacía rato en otra cosa. Ahora, en perspectiva, tomás a los Pistols y a Nirvana y ves que las bandas que patean el tablero explotan poco después, pero arman un revoltijo interesante...
BorrarEse grandes-éxitos debe tener (mal que les pese a ellos, en la línea de "Queen: Greatest Hits" o "KISS: Double Platinum) muchos adeptos porque lo re-editaron remasterizado como parte del catálogo oficial.
El último disco está bueno (*creo que es más "difícil" que estos 2 que acabo de presentar) y lo tengo esperando para ocupar un lugar acá.