Por cierto, no se trató de una oferta, pero fue el CD
que me auto-regalé con motivo de mi reincidencia en la paternidad, allá por
marzo de 1997. Curiosamente, unos pocos años después encontré un par de
ejemplares en una batea de superofertas, con los cuales pude compensar de
manera más que decorosa algunos favores recibidos de parte de amigos.
Tiene un sonido a todas luces mejorable. Algunas
cositas relacionadas a la composición y los arreglos delatan el espíritu
(técnico) de la época en que fue producido. Estoy escuchándolo por
quinchigésima vez, sin embargo es la primera en por lo menos 6 años. Compruebo
que -a pesar de las observaciones hechas arriba- me encanta.
“Schizophonic” es el primer álbum solista de Nuno
Bettencourt, el morochito virtuoso nacido en las Azores, que a principios de
los 90s tomó por asalto el bastión de héroes de la guitarra, un edificio que
tampoco tardaría en pasar a un discretísimo 3er plano tras los embates de Kurt
Cobain y su Legión de Rascadores Tristes, enfundados en sus pulovers de lana
con pelotitas y bermudas infanto-juveniles. Pero esa es otra historia.
Otra historia es también la de Extreme, la banda madre
de Nuno, que en 1996 lo dejó de vuelta en Boston, luego de haber alcanzado
niveles de popularidad inusuales. Hay motivos de sobra para ocuparse de Extreme
en profundidad en el futuro. Para quien todavía no conozca sus habilidades en la guitarra, aquí va una pequeña muestra (sin electricidad, como para demorar la taquicardia):
Lo cierto es que, durante la gira de presentación de
“Waiting for the punchline” (último álbum de Extreme antes de su priemra
separación), Bettencourt comenzó a pergeñar el material que se convertiría en
“Schizophonic”. Prueba de ello no es solamente lo que algún insider escribió en
Wikipedia, sino los créditos del tema “Fine by me” (“Grabado en el Capitol
Tokyu Hotel, 4 canales / Mezclado en casa”), así como la pléyade de estudios de
renombre nulo consignados a lo largo de todo el librillo.
Habiéndose hecho cargo de todos los instrumentos (*antes
de dedicarse a la guitarra, le daba a la batería), el álbum suena como un
banquete en el cual el anfitrión es a la vez el único invitado (más otros dos
que aparecen tarde y se conforman con degustar migajas). El menú que ofrece el
simpático Nuno no es una muestra de todas las influencias que han hecho de él
un artista singular (aunque buena parte del mundo no haya notado esto último),
sino que pasa por su propio tamiz las fórmulas del llamado “rock alternativo”,
movida que -en términos de popularidad-
le asestó un golpe fatal a la música que él mismo solía hacer.
Así, “Swollen princess” debe ser el mejor tema de Foo
Fighters que Dave Grohl jamás compuso, pero -además de un presupuesto para
promoción inexistente- tuvo un gran impedimento para NO ser un hit mundial: un
solo de guitarra formidable, algo que en aquellos años los caprichos del
Zeitgeist solían castigar con el desprecio. Por su parte, “2 weeks in
Dizkneelande” es -hasta donde mi inglés y mi dudosa buena voluntad me permiten
inferir- la única canción que se ocupó del caso de corrupción de menores que
envolvió a Michael Jackson a mediados de los noventa: una escupida punk y vitriólica
(OK: no será Zappa, pero...) sobre la reputación del malogrado Rey del Pop. En
“Fine by me”, Nuno se apropia por unos minutos del pop guitarrero y andrajoso
de Lemonheads, mientras que “Gravity” y “Got to have you” le hacen sombra a
algunos de los mejores momentos de Stone Temple Pilots.
El modo en que presenta su visión de
rock-alternativo-tocado-por-un-virtuoso no tiene los remilgos habituales de un
gourmet, sino la sobria destreza que requiere un asado bien hecho, aunque se lo
sirva en vajilla de camping: las partes de batería son técnicamente modestas y
provocarían pesadillas en las noches de un audiófilo, pero rockean. Entre la
guitarra de Nuno y su amplificador aparece muy de vez en cuando algún chiche:
el resto es electricidad cruda, dinámica, dedos... y buen gusto, como para
moderar la autoindulgencia, que -para qué negarlo- a lo largo del disco también
asoma la cabeza.
Como cantante Nuno está lejos de ser una revelación, pero su
registro y los matices de mugre callejera que saltan en los momentos más
punkies le calzan como un guante a su propuesta. Un interesante experimento de
15 temas, que bien podrían haber sido 10 u 11.
En los años subsiguientes a “Schizophnic” traté de
seguir la carrera discográfica de Nuno Bettencourt, que tuvo lugar mayormente
en los generosos rincones del underground. Aún cuando los resultados de sus
esfuerzos solistas habitualmente hayan sido desparejos, siempre ha habido premio. O
al menos un balance positivo, que hace que uno -en su admiración crítica- haga
la vista gorda ante el hecho de que Nuno sea desde hace un par de años el
guitarrista de -ay- Rihanna.
Las tareas del hogar llaman: “Swollen princess” de
fondo se vuelve imprescindible.
(*La pésima calidad de audio de los vídeos disponibles en la red no le hacen honor al artista; en cambio, el ocuparse en tratar de encontrar y disfrutar su música, sí)
(*La pésima calidad de audio de los vídeos disponibles en la red no le hacen honor al artista; en cambio, el ocuparse en tratar de encontrar y disfrutar su música, sí)
No conozco el disco, en este caso lo mío es todo tarea.
ResponderBorrarNo te preocupes: el disco no lo conoce casi nadie, por eso debe ser que hoy día en Amazon está a casi u$s 40 (!!!). Pero supongo que en algún lugar de la red debe estar. Espero que te guste.
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