domingo, 28 de octubre de 2012

El riesgo del trio dynámico



No es mi culpa que discos decisivos en la historia del rock argentino estén cumpliendo aniversarios redondos en la última parte de este 2012; yo sólo doy cuenta del hecho, porque la ocasión amerita y porque hay un grado considerable de afecto personal en eso. Si  hace unas semanas me detuve en “El tiempo es veloz”, hoy le toca inexorablemente a “Dynamo”, obra cumbre y rupturista de Soda Stereo que está cumpliendo 20 años (*si al oráculo contemporáneo de Wikipedia le cabe un margen de crédito, habrá que consignar que la fecha en cuestión fue el 01.10.1992).

Me resulta particularmente arduo ordenar pensamientos respecto a una obra que desde hace tanto, tanto tiempo ocupa un lugar de privilegio en mi colección y en mi estima, pero... nadie dijo que sería fácil. Precisamente el latiguillo “nadie dijo que sería fácil” podría servir también para condensar el perfil del álbum propiamente dicho y el impacto inusualmente tibio que produjo en términos de masividad.


A partir de la edición de “Nada personal” (1985) recuerdo bandas que solían llegar al año siguiente intentando sonar como Soda Stereo, calcando patrones compositivos y de producción... y quedaban en offside porque Soda, como parte de su inquietud natural, a esa altura ya se había desmarcado y mudado la piel de su disco anterior.


En 1992 ya había una nueva camada de músicos en las gateras (Babasónicos, Martes Menta, Tía Newton, etc.), todo ellos unos diez años más jóvenes, que había orientado sus radares en la misma dirección de aquello que les provocaba curiosidad a los Soda: dream pop, shoegaze, noise pop... los nuevos ropajes del rock made in UK de aquel tiempo. Pero, a diferencia de sus ¿discípulos?, Soda Stereo tenía de su lado la experiencia y -como si hiciera falta mencionarlo- a Gustavo Cerati. Desde hace mucho admiro a Cerati como guitarrista, cantante, compositor... y estoy convencido de que probablemente haya sido el mejor músico argentino de su generación en cuanto a poder captar todo aquello de innovador (*vanguardista es OTRA cosa) que tuviera lugar en el mundo y pasarlo por el tamiz de su sensibilidad pop, de manera de hacerlo accesible para un público más bien conservador como solía (¿suele?) ser el argentino o -por caso- latinoamericano.
Y, en esto de procesar influencias, Soda Stereo venía malcriando a su público y a los programadores de radio. Su último volantazo sonoro había sido “Signos” (1986), cuando incorporaron las sonoridades de instrumentos acústicos u otros atípicos para ellos, como el órgano Hammond, a la usanza de bandas como The Cure o Talk Talk, cuyo album “The colour of spring” Cerati debe haber escuchado hasta el cansancio antes de las sesiones de grabación de “Signos”.


Pero “Dynamo” terminó doblando (o triplicando... ¡o quintuplicando!)  la apuesta de riesgo respecto a sus predesesores, basándose en una compleja arquitectura sonora en la que paradójicamente buena parte de los recursos tecnológicos disponibles estaban puestos al servicio de un elemento tan simple y primigenio como el ruido. Ruido con método, si se quiere, pero ruido al fin: guitarras distorsionadas, enfrentadas hacia el amplificador y haciéndolo ulular. Esa argamasa noble (aunque no universalmente apetecible) era capturada, manipulada y transvestida luego por la bondad del sampling, para finalmente mixturarse con otras guitarras distorsionadas, enfrentadas hacia el amplif... ¿Alguien dijo „cacofonía“ por ahí? Sí, claro, pero ¿por qué debería ser eso un atributo negativo? Sobre todo cuando, para articularla, se cuenta -como fue el caso de “Dynamo”- con el criterio y la perspectiva de ases como Tweety González y, especialmente, Daniel Melero.

Sin embargo, estoy convencido de que el componente que elevó en su momento a “Dynamo” por encima del pelotón de discos cocinados según una receta sonora similar es la melodiosidad soberbia de sus temas. No todas son melodías pensadas para el impacto inmediato pero les sobra lozanía para no naufragar en la maraña de guitarras, teclados y ritmos bailables que las acogen. Después de haber escuchado el disco entero docenas de veces no he logrado entusiasmarme con dos momentos: “Camaleón” y “Sweet sahumerio”. Por lo demás, no podría (¡ni se me cruza por la cabeza!) decidir el destino de mi favoritismo: si la frescura distante de “Secuencia inicial” o el baile de dientes apretados de “Toma la ruta”, si el carrousel sombrío de “En remolinos” o la metáfora emocionante de “Luna roja”... se vuelve trabajoso buscar un atributo para cada uno, pero no quisiera pasar por alto “Texturas”, el tema firmado por los tres que cierrra el álbum: un símbolo de sinergía en el cual cada músico-individuo brilla desde el llano mientras la potencia de la canción trasciende. 



Otra muestra del alto momento creativo de la banda en aquel momento fue que “Zona de promesas”, una de las -tal vez- diez mejores canciones que Gustavo Cerati compuso en su carrera, fuera registrada durante las sesiones de “Dynamo”, pero finalmente reservada para un flojísimo compilado de remixes con el que cerrarían una año más tarde su contrato con CBS/Sony.

Volviendo al tema de las influencias: en las entrevistas promocionales de aquella época, Gustavo Cerati solía mencionar a My Bloody Valentine, Ultra Vivid Scene y Primal Scream, tres bandas que tenían elementos estético-musicales en común, además de compartir el dudoso privilegio de que sus discos no se conseguían en Argentina por las vías habituales.  Ya viviendo en Alemania, durante diversos raídes por bateas de oferta pude hacerme por poco dinero de “Joy 1967-1990” y “Rev” (UVS), además de “Loveless” (MBV), el clásico instantáneo e indiscutido del shoegazing. Debo decir que la desilusión fue grande después de comprobar que estos muchachos, cada uno por su lado, habían tenido un rol decisivo en esto del noise pop, pero ninguno lo había hecho con el refinamiento de Soda Stereo, exprimiéndole hasta la última gota de pop appeal al asunto. Lo sigo sosteniendo, más allá de toda sospecha de chovinismo.

Que las masas no suelen premiar con su simpatía las apuestas de riesgo no es un dato nuevo y la recepción comercial del “Dynamo” fue -comparada con las cantidades despampanantes que habían vendido sus predecesores- tibia. Revertir esa tendencia no es el motivo por el cual hasta el día de la fecha he comprado “Dynamo” tres veces: la primera fue para regalárselo a un amigo, la segunda para mí y la tercera... también, haciendo la salvedad de que en esa oportunidad se trataba de la versión remasterizada, un tratamiento que en este caso terminó justificándose.

Siempre lamenté (lamentaré) que a fines de 1992, cuando Soda Stereo presentó el álbum en vivo, Buenos Aires siguiera estando tan lejos como siempre... y mi cabeza en otras cosas. Me alegró que en las dos giras de despedida (1997 y 2007) los no-hits de este álbum tuvieran un espacio merecido y terminaran formando parte de los discos en vivo registrados en la ocasión.

Después de la edición de “Dynamo” ha venido soplando un viento helado y cada vez más impiadoso sobre el rock argentino y así, estas canciones que siempre brillaron por su propio vigor, adquieren un nuevo matiz a la luz de la aridez dominante. 

En la última página del librito abigarrado se alcanza a leer una pregunta que parece pensada para los exégetas del aire: “¿Y la música dónde está?¿En los cables?”. Personalmente creo que la pregunta adecuada no es “dónde”, sino “cómo”. Ahí sí la respuesta es fácil y clara: viva. Después de todo, veinte años no son nada.

2 comentarios:

  1. Es larga mi relación con Soda Stereo. Al prinicipo lejana, el primer disco no me termina de convencer aún hoy. Y en esos años entre "Criminal mambo" y "Por qué no puedo ser del Jet Set" yo no dudaba. La adolescencia exagera las elecciones, los Redondos y Soda dividieron aguas, y yo quedé del otro lado. Bajo ese precepto pasé "Nada personal", y recién en "Signos" los tomé decididamente en serio ("no existes" es la principal culpable) Después del show en la 9 de Julio, el de los 5 años de democracia, con "doble Vida" recién salido, el odio inicial ya era amor definitivo. Poco para agregar a lo que decis de este disco. Un volantazo experimental, dentro de la experimentación. Porque con el EP previo, que tenía "No necesito verte para saberlo", Cerati se había probado el traje de Manchester y le había quedado perfecto. Y después el noise. No nombraste al hit, a pesar que varios fans de Soda no lo aprecian del todo, "Primavera 0" es una de las canciones que me mueven inmediatamente a subir el volumen del equipo. Para mí funciona como el "Rebel yell" de los '90.

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    1. Historias paralelas: me pasó lo mismo con el 1er disco (*a los Redondos llegué bastante más tarde). La revelación para mí fue este tema http://www.youtube.com/watch?v=0XBz0nwfTXQ y el solo à la Andy Summers: ahí pensé "este flaco toca en serio". "Nada personal" me pareció apenas menos flojo que el debut. "Signos" es "Signos" y dejó bien a gamba al pelotón de imitadores.

      Que en "Rex Mix" y en "Me verás volver" hayan releído "No existes" creo que habla a las claras sobre la fuerza de la composición (la música y las imágenes de la letra) y del cariño de la banda hacia un tema que no fue hit.

      No nombré a "Primavera 0" porque... en realidad tendría que haber escrito algo sobre cada uno, pero se me hacía eterno el post ;-). Pero también me encanta: escucharlo y tocarlo en la viola.

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