jueves, 27 de septiembre de 2012

Al principio fue un estornudo...

Venía publicando día por medio, con una disciplina de la cual yo mismo soy el primer sorprendido.
Pero un simpático pool de agentes patógenos plantó bandera, no sólo en mi aparato respiratorio, sino también en el humor y las ganas de escribir, obligándome a ocupar mi tiempo en banalidades tales como limpiarme la nariz en horario corrido.

Así que ahí va "Tori, la distante" con un título ad hoc y mis mejores auto-deseos de pronta recuperación.


Tori Amos - Caught A Lite Sneeze von ToriAmos-Official

martes, 25 de septiembre de 2012

Lone Justice: asilo e inspiración en los 80s



Una de mis bandas favoritas de los 80s siempre falta en:
-          las compilaciones de los 80s;
-          las ominosamente llamadas “fiestas ochentosas”;
-          la memoria de los programadores de radio de este y otros lados del mundo; un déficit  más escandalosamente notorio en aquellos cuyo empleador se ufana de ofrecer “lo mejor de los 80s”. Es muy simple: si 1 de cada 175 temas irradiados no es de Lone Justice (de ellos se trata) esa premisa es un engaño.
Debo admitir -aunque suene reprochable y elitista- que me alegra que hasta cierto punto Lone Justice sean consecuentemente relegados de esos ámbitos donde se bastardea la música en formatos caprichosos.

Cuando salió su debut homónimo, en 1985, los dejé pasar: en aquel momento alguna que otra estación de radio SÍ se dignaba pasar “Sweet, sweet baby”, su carta de presentación en los charts, o “Ways to be wicked”. Un aporte de cierto peso para el curriculum de la joven banda era -según publicaba la prensa de aquel momento- que Bob Dylan y los integrantes de U2 (bah, probablemente sólo Bono) hubieran descubierto en ellos a un nuevo artista favorito y los hubieran llevado de gira consigo, o algo así... Cómo fuera, lo que pude escuchar me había sonado demasiado cercano a John Mellencamp o Bruce Springsteen, dos íconos del (norte)americanismo (tanto en su discurso como en la tradición artística en la cual abrevan) con cuya música probablemente nunca logre sentirme del todo cómodo. En aquel momento tampoco se me ocurría pensar en Tom Petty & The Heartbreakers (con quienes Lone Justice compartía su tecladista, Benmont Tench), porque para el radar rockero argentino eran casi inexistentes.


domingo, 23 de septiembre de 2012

Una afición llamada Elbow



Primavera de 2011 > ELBOW “Build a rocket boys!” > si se otorgara algún tipo de premio al peor timing para editar discos, esa edición no habría tenido competidores. Justo en la estación del año en la que el verde furioso invita a dejar tras de sí todas las tribulaciones del gris-frío-sin-pausa, un disco nuevo de una banda que habitualmente le pone paños fríos a la euforia y que, aún en los momentos en que cae en arrebatos de exultación, no deja de poner eso mismo en suspenso.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Deme dos, pero que sean sombríos, por favor...



Me vi confrontado con la primera review de un disco de Nick Cave & The Bad Seeds (“The good son”) en la bisagra entre enero y febrero de 1991, a través de la desaparecida revista Rock&Pop. No recuerdo exactamente (aunque tengo una fuerte sospecha) quién fue el crítico responsable del artículo, pero del tono dominantemente positivo del mismo me quedó grabada una descripción según la cual, la música de NC&TBS podía ser imaginada como -palabras más, palabras menos- una especie de “blues sin guitarras”.

Una puesta en contexto se hace indispensable. En 1990 las discográficas argentinas habían vuelto a publicar (si bien tímidamente) más discos tras la depresión del año anterior; el formato CD pedía pista pero, tal vez por el aire enrarecido de la inestabilidad económica, estaría dando vueltas por lo menos unos meses más en el aire. En mi caso, el disco de vinilo seguía siendo EL medio válido, mientras el cassette era lo más parecido a lo que hoy ofrecen los servicios de streaming: un vehículo para acceder (a través de insondables meandros de amigos/conocidos) a la música que la radio no pasaba, conservando un carácter provisorio, como paso previo a decidir la compra (o la no-compra) del álbum.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Los discos equivocados



La primera escucha del flamante “La futura” (*debe ser chicano pero parece alemán, donde “futuro” es un sustantivo femenino) finalmente despejó dudas y temores: no es que espere de ZZ Top una salida del laberinto de mediocridad que el rock viene recorriendo sin brújula desde hace años; pero resulta que venía embalado con esta banda, con la que empecé tarde y mal (como se verá enseguida, nomás) y la decisión de cederle el sillón de productor a Rick Rubin, conocido fetichista del sonido crudo, podía llevarlos de vuelta ahí donde yo no quise asomarme. No soy de los que creen que, en el arte, todo regreso a las raíces resulta per se una movida virtuosa. Sin embargo, el baño de ascetismo sonoro les sienta bien a los barbudos.


Cuando le comenté que, de los discos de ZZ Top que había escuchado hasta ahora, los que más me habían gustado habían sido los -hasta ese momento- tres últimos (“Rhythmeen”, “XXX” y “Mescalero”), un conocido periodista argentino de rock me respondió lacónicamente “empezaste por los discos equivocados”. Desde ese momento ya no quise solamente haberlos escuchado, sino que -en un acto de tozudez potenciada por el comentario de mi interlocutor- los hice subir significativamente en mi lista de prioridades apenas los viera en oferta en alguna parte del pool de tiendas donde suelo abastecerme. El pez tardó poco en picar y así , en cuestión de días conseguí “XXX” por modestos € 4,99 y “Rhythmeen” por apenas un euro más. 

lunes, 17 de septiembre de 2012

Emily Haines: Todo el otoño en un sólo álbum


Hubo un tiempo, hasta no hace muchos años atrás (tres o cuatro, para ser más preciso), en que una de mis disquerías preferidas cultivaba este hábito insano y provocador:  el primer día hábil de cada mes, cerca del mediodía, ponía en su catálogo online una serie (léase:  algunos cientos) de CDs/DVDs/LPs a precios de liquidación absolutamente delirantes, pero se trataba de ejemplares únicos, por lo cual el margen de duda (“¿lo compro o no?“) debía reducirse a un mínimo imperceptible, porque en el e-commerce los clientes no se ven las caras pero, en un caso así, un click oportuno puede tener la contundencia de un cross de derecha en la lucha cuerpo a cuerpo por ESA joyita en peligro de extinción.

Así, en aquellos primeros días hábiles de mes, yo solía proveerme, para deleite propio y ajeno: algunas piezas eran regalos para amigos, otras tenían una performance atendible a través de la reventa.


Y fue... mmmhhh... en febrero de 2008, posiblemente, que apareció en esa avalancha de ofertas “Live it out”, de Metric, una banda canadiense que hasta ese momento me resultaba ignota. Como el disco estaba realmente MUY barato me tomé unos minutos para buscar información y, como lo que encontré sonaba prometedor, compré. “Live...” finalmente resultó flojito (*Metric cumpliría la promesa más tarde, pero eso es tema para otra entrada) y sin embargo me condujo a un descubrimiento mucho más gratificante: “Knives don’t have your back”, el álbum solista de Emily Haines, a la sazón, frontwoman y compositora de Metric.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Veladas de gala, parte 2: Un clásico en la mesa de disección



Un encadenamiento de actos reflejo difícil de cronometrar de modo manual:
- la cajera pasa el CD por el escáner > el display de la caja muestra € 14,99 en lugar de los € 8,99 de la etiqueta > enarco las cejas como gesto de sorpresa y pienso “¡ni loco a ese precio!” > la cajera comienza a llamar a un supervisor para que le autorice el cambio de precio.
Todo en dos segundos y fracción, como máximo.

El CD finalmente durmió en mi mochila  una noche hasta que lo desempaqué y me dispuse a escucharlo. Con auriculares, política que si no pongo en práctica más a menudo es porque en esta casa/teléfono/casilla de correo electrónico constantemente hay alguien requiriendo mi atención... Reprimiendo todos los calificativos-cliché (“clásico”, “obra cumbre”, etc.) que se apilaban frente al hecho de no haber escuchado NUNCA AÚN este puñado de canciones tal como fueron ordenadas allá por 1975 y sosteniendo el sobre (booklet, en este caso) correspondiente.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Veladas de gala, parte 1: Saldando una deuda histórica



Sí, ya sé: 37 años. Cuando este disco salió yo estaba comenzando la escuela primaria y me lo compré recién hace algunas semanas, mientras mi hija mayor se aprestaba a cursar su último año de secundaria. Típico hueco de discoteca que uno va emparchando a lo largo del tiempo con la errónea convicción de que sí o sí ya tiene los temas más importantes repartidos entre algún “grandes éxitos” y la memoria musical colectiva. Entonces la compra puede esperar. Y la compra esperó tanto que ya se me ha pasado hasta la fiebre completista que durante un tiempo me llevó a querer tener hasta las versiones en crudo de los demos de bandas cuyos nombres hoy ni siquiera me animaría a tipear.

Manifesto (*también un disco de Roxy Music que me falta...)



Este es un blog de discos, pero no es igual a todos los otros blogs de discos porque lo escribo yo, que sí soy igual a todos los otros que escriben blogs de discos, pero pienso y hablo por mí mismo. Tampoco es un remedo de oráculo inapelable, ni siquiera un intento de separar la paja del trigo.

Originalmente iba a estar dedicado a aquellas perlas de batea de ofertas que han encontrado un lugar en mi discoteca (de ahí el nombre). Sin embargo, al comprobar que -parafraseando al poeta- “todo disco cuenta una historia" (siempre), me pareció que no aguantaría mi propia mezquindad por serle fiel a un esquema determinado. Así que aquí conviven (historias sobre) discos que me costaron menos que un cappucino de parado junto a otros que se consumieron mi presupuesto completo de un mes para "cultura&entretenimiento". Por eso -reitero- este no es un blog de “crítica de discos”; después de todo nunca he recibido hasta ahora discos gratis de parte de alguna compañía y/o artista para escribir sobre eso. Sí, en cambio, están presentes las vivencias (¡tono confesional incluído!) y recuerdos que no puedo evitar asociar con muchos discos de mi colección. Asociaciones ilícitas algunas de ellas, pero es lo que hay.

Para quien, tras haber leído el párrafo anterior, no le alcancen las manos para atajar los bostezos que salen de su boca, no tengo más que comprensión en dosis generosas y el deseo sincero de que pase un buen momento con el terabyte de MP3 totalmente libres de identidad y sustancia que almacena en su ordenador.


Justa advertencia: este no es un espacio pluralista porque lo realizo sólo yo, sin que me importen nimiedades tales como el hecho de tener razón o no. El mito de la objetividad periodística es pisoteado con ganas. No hay sumisión genuflexa frente a ninguna vaca sagrada de la historia del rock y sí loas a artistas cuya existencia no pasó totalmente desapercibida sólo porque tuvieron la suerte de que por lo menos yo comprara uno de sus discos alguna vez. El único que tiene un salvoconducto en su haber y goza de impunidad (casi) absoluta es el espíritu nerd, ese que lleva a algunas personas a comprar cuatro versiones de un mismo disco o pasarse una tarde entera toqueteando perillas de un amplificador tratando de emular “ese” sonido de guitarra (sin lograrlo finalmente).

(*Marilene: no sé si desde Burgos se ve, pero la muesca en la superficie de mi pereza es producto del goteo de tu perseverancia. A ver qué sucede…)