jueves, 13 de septiembre de 2012

Veladas de gala, parte 1: Saldando una deuda histórica



Sí, ya sé: 37 años. Cuando este disco salió yo estaba comenzando la escuela primaria y me lo compré recién hace algunas semanas, mientras mi hija mayor se aprestaba a cursar su último año de secundaria. Típico hueco de discoteca que uno va emparchando a lo largo del tiempo con la errónea convicción de que sí o sí ya tiene los temas más importantes repartidos entre algún “grandes éxitos” y la memoria musical colectiva. Entonces la compra puede esperar. Y la compra esperó tanto que ya se me ha pasado hasta la fiebre completista que durante un tiempo me llevó a querer tener hasta las versiones en crudo de los demos de bandas cuyos nombres hoy ni siquiera me animaría a tipear.

En los últimos meses he intentado colocarle un (pequeño) cepo a mi presupuesto de gastos melomaníacos, ante el hecho concreto e inocultable de que mis egresos están superando largamente a los ingresos. Por esa razón trato de evitar las fuentes de contagio mientras la tentación me susurra al oído. De todos modos, aquel lunes me ofrecí para buscar el regalo de cumpleaños para un amiguito de mis hijos. El objetivo era claro: “Greatest hits” de los Red Hot Chili Peppers, una de las inamovibles de mi Top 10 de bandas-que-deberían-gustarme-pero-no-me-mueven-un-pelo (*indiscutible es el liderazgo de esa ominosa lista por parte de Steely Dan). Nada debería haberme desviado de ese objetivo... de no haber encontrado el CD de marras a un precio totalmente inadmisible y esa inercia que me impulsaba a hacer algo para no salir de la disquería con las manos vacías.
Foto: EMI  Music
 Así, de frente a la batea a la altura del  separador con la letra “R”, volví ligeramente sobre mis pasos (rara especie de inercia la que hace retroceder) hasta la “Q”. Es sabido que ese segmento de la batea es particularmente delgado y quien lo revisa no suele hacerlo por un interés irrefrenable hacia una banda menor como los Quireboys (*estimado lector incisivo: QOTSA está en la sección “Alternative” y Quiet Riot en “Hard Rock / Metal”), sino atraído por Queen.

Se supone que, a esta altura de mi socialización musical, Queen debería ser un capítulo cerrado, al menos en lo que a compras se refiere. Pero resulta que no es así: redescubro a la banda o a Brian May como guitarrista en períodos cíclicos, los cuales coinciden habitualmente con reediciones, aniversarios y demás operaciones de marketing que suelen encontrar en mi melomanía un terreno fértil. Y 2011 fue un año especial(mente marketinero): se cumplieron 40 años de la formación del grupo, 20 años de la muerte de Freddie Mercury y Universal Music (que le arrebató el catálogo de Queen a la decrépita EMI) no se privó de exprimirle hasta la última gota al asunto, reeditando el catálogo remasterizado completo más una prescindible tríada de compilados llamados “Deep cuts”, cuyo mayor atractivo consiste en no incluir hits...

Estoy convencido de que las ediciones remasterizadas, cuando libres de algún tipo de contenido extra (*hola otra vez, lector incisivo: me refiero a las versiones estándar de esta serie), no pueden tener un precio siquiera similar al de un álbum producido recientemente. Ni el argumento de la inversión consumida en el proceso de remasterización me convence de lo contrario. Evidentemente, ese ente abstracto conocido como “mercado” ve las cosas de un modo similar porque, apenas meses después del primer lanzamiento, los discos del segmento 1973-1976 costaban 2/3 del precio original en las grandes cadenas. Excepto “A night at the opera”, que pareciera gozar de un estatus de intocabilidad similar al de “Sgt. Pepper’s...” en la discografía de The Beatles. 
Pero esta vez, la cubierta blanca con el pomposo escudo multicolor y esa etiqueta de € 8,99 en el ángulo inferior derecho de la cajita resultaron una invitación inequívoca. Ciertamente no LA SUPER OFERTA (para eso deberían haber sido € 2 menos), pero sí una señal (aún cuando involuntaria) de sensatez hacia el consumidor final.
Señal de sensatez que se enturbió brevemente al llegar a la caja de la tienda. Pero eso y la disección del álbum serán materia de la próxima entrada.

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