Sí, ya
sé: 37 años. Cuando este disco salió yo estaba comenzando la escuela primaria y
me lo compré recién hace algunas semanas, mientras mi hija mayor se aprestaba a cursar su
último año de secundaria. Típico hueco de discoteca que uno va emparchando a lo
largo del tiempo con la errónea convicción de que sí o sí ya tiene los temas
más importantes repartidos entre algún “grandes éxitos” y la memoria musical
colectiva. Entonces la compra puede esperar. Y la compra esperó tanto que ya se
me ha pasado hasta la fiebre completista que durante un tiempo me llevó a
querer tener hasta las versiones en crudo de los demos de bandas cuyos nombres
hoy ni siquiera me animaría a tipear.
En los
últimos meses he intentado colocarle un (pequeño) cepo a mi presupuesto de gastos
melomaníacos, ante el hecho concreto e inocultable de que mis egresos están
superando largamente a los ingresos. Por esa razón trato de evitar las fuentes
de contagio mientras la tentación me susurra al oído. De todos modos, aquel lunes
me ofrecí para buscar el regalo de cumpleaños para un amiguito de mis hijos. El
objetivo era claro: “Greatest hits” de los Red Hot Chili Peppers, una de las
inamovibles de mi Top 10 de bandas-que-deberían-gustarme-pero-no-me-mueven-un-pelo
(*indiscutible es el liderazgo de esa ominosa lista por parte de Steely Dan).
Nada debería haberme desviado de ese objetivo... de no haber encontrado el CD
de marras a un precio totalmente inadmisible y esa inercia que me impulsaba a
hacer algo para no salir de la disquería con las manos vacías.
| Foto: EMI Music |
Se supone
que, a esta altura de mi socialización musical, Queen debería ser un capítulo
cerrado, al menos en lo que a compras se refiere. Pero resulta que no es así:
redescubro a la banda o a Brian May como guitarrista en períodos cíclicos, los
cuales coinciden habitualmente con reediciones, aniversarios y demás
operaciones de marketing que suelen encontrar en mi melomanía un terreno
fértil. Y 2011 fue un año especial(mente marketinero): se cumplieron 40 años de
la formación del grupo, 20 años de la muerte de Freddie Mercury y Universal Music
(que le arrebató el catálogo de Queen a la decrépita EMI) no se privó de
exprimirle hasta la última gota al asunto, reeditando el catálogo remasterizado
completo más una prescindible tríada de compilados llamados “Deep cuts”, cuyo
mayor atractivo consiste en no incluir hits...
Estoy
convencido de que las ediciones remasterizadas, cuando libres de algún tipo de
contenido extra (*hola otra vez, lector incisivo: me refiero a las versiones
estándar de esta serie), no pueden tener un precio siquiera similar al de un
álbum producido recientemente. Ni el argumento de la inversión consumida en el
proceso de remasterización me convence de lo contrario. Evidentemente, ese ente
abstracto conocido como “mercado” ve las cosas de un modo similar porque,
apenas meses después del primer lanzamiento, los discos del segmento 1973-1976
costaban 2/3 del precio original en las grandes cadenas. Excepto “A night at
the opera”, que pareciera gozar de un estatus de intocabilidad similar al de
“Sgt. Pepper’s...” en la discografía de The Beatles.
Pero esta vez, la cubierta
blanca con el pomposo escudo multicolor y esa etiqueta de € 8,99 en el ángulo
inferior derecho de la cajita resultaron una invitación inequívoca. Ciertamente
no LA SUPER OFERTA (para eso deberían haber sido € 2 menos), pero sí una señal
(aún cuando involuntaria) de sensatez hacia el consumidor final.

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