miércoles, 19 de septiembre de 2012

Los discos equivocados



La primera escucha del flamante “La futura” (*debe ser chicano pero parece alemán, donde “futuro” es un sustantivo femenino) finalmente despejó dudas y temores: no es que espere de ZZ Top una salida del laberinto de mediocridad que el rock viene recorriendo sin brújula desde hace años; pero resulta que venía embalado con esta banda, con la que empecé tarde y mal (como se verá enseguida, nomás) y la decisión de cederle el sillón de productor a Rick Rubin, conocido fetichista del sonido crudo, podía llevarlos de vuelta ahí donde yo no quise asomarme. No soy de los que creen que, en el arte, todo regreso a las raíces resulta per se una movida virtuosa. Sin embargo, el baño de ascetismo sonoro les sienta bien a los barbudos.


Cuando le comenté que, de los discos de ZZ Top que había escuchado hasta ahora, los que más me habían gustado habían sido los -hasta ese momento- tres últimos (“Rhythmeen”, “XXX” y “Mescalero”), un conocido periodista argentino de rock me respondió lacónicamente “empezaste por los discos equivocados”. Desde ese momento ya no quise solamente haberlos escuchado, sino que -en un acto de tozudez potenciada por el comentario de mi interlocutor- los hice subir significativamente en mi lista de prioridades apenas los viera en oferta en alguna parte del pool de tiendas donde suelo abastecerme. El pez tardó poco en picar y así , en cuestión de días conseguí “XXX” por modestos € 4,99 y “Rhythmeen” por apenas un euro más. 


Mi primer contacto con (el nombre) ZZ Top data de 1982, cuando la revista Pelo publicó su crítica del álbum “El loco”; una crítica demoledora, por cierto. En épocas en que ese medio era lo único a lo que podía acceder un pre-adolescente de provincia en los albores de su socialización musical, ese tipo de juicios tenían un peso casi inapelable. Por eso razoné binariamente que esos 3 barbudos en mameluco y con sombreros mexicanos no merecían mayor atención.
Año y medio más tarde aparecieron en la misma revista presentados como una gran banda, con un nuevo gran álbum titulado “Eliminator”. En EL programa musical para los que no teníamos TV pro cable podía verse un par de videos pícaros, correlato visual del approach pop adoptado por la banda. Pero durante (muchos) años su música pasó lejos de mi interés. En Argentina los discos teóricamente correctos (según la lógica de...) no se conseguían como para hacer un relevamiento antropológico de por qué habría que sacarse el sombrero (texano y las gafas oscuras) en señal de respeto ante esa banda. Y “La Grange” nunca me gustó.

Mentiría si quisiera fechar con exactitud el momento súbito en que se me ocurrió escuchar un álbum entero de ZZ Top; sí sé por qué resultó una experiencia placentera de esas que dejan con ganas de más. El blues-rock es un género bastardeado, a menudo por sus propios cultores; sin embargo, ZZ Top, sin reinventar la rueda, parece haberle encontrado la vuelta para mantenerlo ¿vivo?, ¿fresco?... ¿atractivo? Si bien han ido librándose de buena parte del lastre de sintetizadores y percusión electrónica que en los 80s les deparó las miradas torvas de la fracción más purista (al tiempo que accedían a un grado masividad antes impensable), no se han detenido en su afán de experimentación sonora, sin hacer grandes esfuerzos por salirse del corset armónico que implica el blues. La batería toma prestados yeites del hip-hop. El bajo de Dusty Hill arriesga prepotencia de a ratos con el patrocinio de un distorsionador. Ah, y la guitarra de Billy Gibbons, cuyo sonido parece haber recorrido un camino paralelo al de su voz: ambos han alcanzado niveles de aspereza exquisitos. Mientras el timbre de voz se ha acercado al de otros “garganta rota” como ... (*completar con lo que corresponda), Gibbons transviste el tono nasal de su guitarra en un ente que aúlla y gruñe a la vez, como para sacudir la modorra de las iguanas en la polvorienta siesta texana. Finalmente, cuando lo que las canciones piden es un matiz de soul o rhythm&blues, el que se acerca al micrófono es Hill.


En vista de lo escrito pareciera que me estoy explayando sobre dos obras maestras, pero no: si bien las performances son generalmente sólidas, el material tiene  baches compositivos (muy evidentes en “XXX”) que empañanan el resultado final. Sin embargo, aún en esos momentos en los que uno deja el disco girando y aprovecha para ir a prepararse un café, ZZ Top destila gracia y solvencia detrás de sus instrumentos estrafalarios y los Ray-Bans sempiternos.

Al día de hoy, la única fórmula que no he probado todavía para desentrañar el sonido de guitarra de Gibbons es derramar un poco de tabasco sobre la plaqueta del amplificador.
Mientras tanto, en cuanto vea “Mescalero” rebajado le tiro el lazo.

6 comentarios:

  1. En el 80 le cambié a un flaco de la facu un disco de la ELO por una reliquia que había traido de EEUU. El disco era Fandango que aunque no me terminó de gustar nunca, lo guardé por el mismo motivo que lo había canjeado: la reliquia. Luego de sucesivas mudanzas... to be discontinued

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  2. Ves: en algún momento intenté al voleo con "Fandango" (por meterme con uno de los discos viejos) y no duré más de 3 temas antes de darle a la tecla de skip...

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  3. Y sí, hay una brecha generacional entre nosotros... Yo levanté la púa. Jejeje

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  4. Fandango. Ese es el disco que busco cada vez que quiero escuchar ZZ top. Los vi en vivo y todo, TODO, es el slide de Gibbons

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  5. Aparentemente soy un nacido tarde ;-). Tendré que darle una nueva chance a "Fandango"...
    Respecto a la técnica de Gibbons, además del slide tiene un par de yeites propios (y bastante poco ortodoxos) a la hora de tocar acordes que son más o menos como la fórmula de la Coca-Cola: hay unos cuantos que creen que la descularon pero no tienen la gracia del original.

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  6. He aquí un intento voluntarioso por descular el arte de Billy Gibbons :-D
    http://www.youtube.com/watch?v=HhaWP0xtlFA&feature=relmfu

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